La voluntad de un gran amor

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Tenía 18 años Josefina Flores cuando conoció a Johnny Ventura. Ya este era un artista famoso y afamado por la atracción que ejercía sobre el sexo femenino. Ella era recepcionista del Banco Popular y como tal disfrutaba de una fiesta que le hizo esa entidad a un grupo de jugadores de softball que vino de Puerto Rico y que, como uno de los artistas más importantes del momento amenizaba él.

Corrían los días del 1968 y estaban en una campiña, en las afueras de la ciudad entonces, hoy en el lugar donde queda el Acuario que era propiedad de Tito Mella. Josefina recuerda que fue la primera vez que a ella la llamaron Fifa y él le asevera que ella lo miraba cada vez que lo decía.

Esa fue la primera vez de tantas veces. Johnny insistió en su intención de tener una relación con aquella mujer que sin embargo se sentía intimidada por la figura artística y por la presumible oposición de su papá que a su decir fue férrea a pesar de que ella duró dos años (de flores, regalos y llamadas desde los lugares más remotos del mundo) negándose.

Una vez más Johnny se salió con la suya y a través del empecinamiento que lo caracteriza en cualquier empresa que ha emprendido y en el 1970 ya Josefina había perdido el apellido -era su esposa-.

Siempre hemos oído al artista dar testimonios públicos de esa gran mujer que ha sido su amor y que le ayudó a construir un hogar a pesar de sus compromisos artísticos y no quisimos cerrar estas páginas sin escucharla.

Ella tiene su palabra de amor que le ha valido para construir un reino en el que caben sus tres hijos y sus 4 nietos. Ella y él celebrarán este miércoles 27 de octubre 34 años de feliz unión matrimonial, a ella le preguntamos, ¿cuál es el secreto?

“Tener paciencia. Mucha comunicación y sobre todo mucho amor, porque la paciencia y la comunicación no valen si no hay amor”, nos contesta.

Por experiencia propia ha aprendido que las cosas que se guardan son las que hacen daño. Nunca han peleado de estrallarse puertas o gritarse. Cuando él está molesto ella está baja y cuando ella sube es él el que toma el bajo perfil. “Si nos subimos los dos, nos comemos”, acota.

Josefina nunca ha dejado de atender a su marido, aunque para llamarlo tenga que acudir a su apellido “Ventura”. Así él se entera de que hay un muro que debe tumbar y así ella se cuida de no dañar el amor de papi y mami que los ha unido para siempre.

Finalmente, Josefina, atenta a cualquier detalle que se nos escape nos dice “para vivir con un artista hay que quererlo mucho”. E hizo silencio… será porque ella entiende que yo entiendo.

¿CUÁL ES EL SECRETO?

“Tener paciencia. Mucha comunicación y sobre todo mucho amor, porque la paciencia y la comunicación no valen si no hay amor”, Josefina.