Ladrar por su tajada

Federico  Henríquez Gratereaux

Las luchas del hombre con el trabajo de todos los días son “la fuente primordial de los refranes”, nos dice Soto Jiménez en la Introducción de su libro “Las 58 leyes del poder de Juancito Trucupey”. Y añade: “las labores del artesano, las fatigas y tareas del campesino, la observación de la naturaleza, su entretención, son principalmente las fuentes de los refranes, pero además, la guerra, el arte y la política”. Muchos de nuestros refranes son herencia de la lengua española; pueden ser castellanos, andaluces, canarios. Pero los hay de pura cepa caribeña. El tono malicioso de algunos dichos dominicanos puede interpretarse, con igual validez, en cuestiones domésticas y en asuntos políticos.

Ciertos refranes empleados por Soto Jiménez en el texto de la Introducción, mueven a risa. Al decir que en política se repite la misma historia, “una y otra vez, por siempre y para siempre”, hasta que “el maco eche pelos”, es un ejemplo. Otro es afirmar que hay hombres tan hábiles que son capaces de “fumar debajo del agua”. O la frase según la cual “el perro ladra por su “tajá”. La palabra refrán procede de un vocablo provenzal “que se usaba para referirse a estribillos, muestras poéticas que contenían sentencias populares rimadas o en forma de proverbios”.

Como todos saben, el rey Salomón compiló los proverbios hebreos tradicionales y redactó él mismo algunos más. La filosofía de la antigüedad judía está contenida en el libro de los proverbios y en el “Eclesiastés”, cuyo autor es el rey sabio. Son los libros “sapienciales” del Antiguo Testamento. Todos los refraneros del mundo son tesoros intelectuales. Portan o transmiten iluminaciones filosóficas, sociales, políticas.

Soto Jiménez dedica parte de su Introducción a explicar que los hombres de Estado no son ajenos al poder persuasivo y aclarador de los refranes. Entre los personajes que menciona están: Sánchez Ramírez, héroe de la reincorporación a España, Pedro Santana, primer Presidente de la República, Ulises Heureaux, Joaquín Balaguer, Juan Bosch. Dice que Bosch estudió “en profundidad, todas las formas del hablar dominicano”. Asevera que la política de Balaguer se basaba “en refranes criollos que sobreponía a citas de los enciclopedistas”. Cree firmemente que Bosch explicaba los refranes; Balaguer los aplicaba.