Ladrones de bicicletas

El formidable film en blanco y negro de Vittorio de Sicca considerado entre los cien mejores del arte del celuloide presentado en el Colegio Babeque como parte de su programa cultural educativo, tiene por escenario la Italia que trata de levantarse de la devastación y las miserias humanas dejadas tras sí por la destructora y sangrienta Primera Guerra Mundial (1914-1918) en que se refleja dramáticamente en la historia del ladrón de bicicleta (el buen ladrón) un obrero honrado, que ocupa una pobre vivienda con su familia, su mujer, María, hacendosa y decidida, (y su hijo Bruno, vivaz, sensible de poca edad cuando les llega la alegre noticia de un modesto empleo que cambiará su vida condicionado a la posesión de un transporte personal, ¡una bicicleta! cautiva en una casa de empeño víctima de la penuria familiar.
Pero, “la felicidad dura poco en casa del pobre.” Recuperada con supremo sacrificio, en plena faena, un desarrapado ladronzuelo se apodera de esa valiosa prenda, su bicicleta, y logra escapar llevándose consigo aquel chispazo de alegría que ve desaparecer atónito ante sus ojos. Las peripecias de recuperación en compañía de Bruno y amigos solidarios, resultan fallidas. Su alma atormentada ve venir de nuevo la desgracia: el desempleo y la pobreza. Desesperado, confundido, se torna violento, agresivo. Se sabe derrotado y peca. Su honor y dignidad, sus grandes valores, ruedan por las lágrimas amargas y atormentadas de su hijo.
Nosotros, los pueblos tercermundistas de América y otras latitudes, no hemos dejado de sufrir tales flagelos: hambre, desolación y pobreza en mayor o menor grado, pero dramática no obstante los grandes avances de la ciencia y de la tecnología moderna innovadora que toma mayores espacios, pero no en el sentido social y humano deseado donde “el 1% de la población mundial tiene lo que el 99% del resto necesita” (Stgilitz) creando un panorama aterrador, de mayor incertidumbre que amenazada la paz mundial y la ansiada convivencia pacífica, de mutua tolerancia, del equilibrio necesario, garante de un efectivo progreso y bienestar general de pueblos y naciones. El paso a la posmodernidad, al neo liberalismo y la globalización de poderes hegemónicos, ahonda tales males: la pobreza, el desempleo, las desigualdades sociales y económicas, lo que suma violencia, desesperanza y abusos. En palabras del extinto Padre Alemán S. J, (Listín Diario, 17 noviembre 1988), al parecer, “Solo tienen futuro los ricos y los ladrones, los corruptos.”
El habla de aquí, de nuestro pedazo de isla, no exento de ladrones de bicicletas, de ilusiones, sueños y esperanzas, encaramados en un régimen sin consecuencias, de impunidad absoluta, que desentiende las cosas que deben ser atendidas sin demora. Esas “malas noticias” que perturban y crean inseguridad y temor; aquellas grandes verdades que padecemos, inocultable realidad que golpea y lacera el cuerpo social y no parecen hacer mella en quien todo lo puede. Incluso, que tales cosas desaparezcan y queden sepultadas bajo la sombra de una beatífica sonrisa que asoma al ritmo contagioso de una canción que dice: “Yo no sé nada, yo llegué ahora mismo, si algo pasó, yo no estaba aquí.”