Las acuarelas de Carmen cruzaron el exigente cañón del Chicamocha

Cae la noche sobre el cañón del Chicamocha, pese a que aún es temprano,
Cae la noche sobre el cañón del Chicamocha, pese a que aún es temprano,

Barichara, Colombia. Cae la noche sobre el cañón del Chicamocha, pese a que aún es temprano, y la expedicionaria madrileña Carmen Hernández usa su linterna frontal para escribir y dibujar en su diario mientras aguarda la llegada de los autobuses que llevarán a los grupos de la Ruta BBVA de regreso a Barichara.

Ha sido un día duro y muy exigente por el calor -en torno a los 40 grados-, pero Carmen está feliz porque, al igual que la mayoría de sus compañeros, ha completado la caminata más esperada -y más temida- del recorrido por Colombia- cruzar el cañón del río Chicamocha en descenso desde Villa Nueva a Jordán Sube y posterior ascensión desde este último pueblo a Mesa de los Santos.

Dieciséis kilómetros de caminata por uno de los cañones más grandes del mundo, con 108.000 hectáreas, que guarda en su interior algunas muestras de pintura rupestre.

Sin ánimo de emular a maestros prehistóricos, pero sí de inmortalizar uno de los momentos más importantes de esta trigésima edición de la Ruta BBVA, Carmen cargó de madrugada las acuarelas en su riñonera y, aunque no ejecutó pintura alguna en el trayecto ni las usó en el descanso posterior, estas cruzaron con ella el cañón.

“Siempre las llevo. No pesan nada”, afirma con una pasmosa tranquilidad esta estudiante de Bellas Artes en la Universidad Complutense de Madrid mientras comparte cabina de teleférico con algunos de los periodistas integrados en la expedición rutera.

Una réplica del “Perro semihundido”, de Goya, sendas acuarelas de las Médulas (noroeste de España) y de Cartagena de Indias (Caribe colombiano), retratos a bolígrafo o con pinturas y muchas líneas escritas son los ingredientes que componen su bello diario de viaje, con el que, por supuesto, también carga en una jornada así.