Las ambiciones

POR BONAPARTE GAUTREAUX PIÑEYRO
Hasta ahora todo parecía una disputa entre amigos. Una competencia. Una apuesta. Ahora que comenzaron las frases hirientes y las palabras ásperas y contundentes, parece como que las diferencias son ciertas. Es interesante ver cómo la diferencia de óptica hace que quien espera acumule disgustos que se pueden convertir en resentimientos.

De pronto, como si fuera un despertar súbito, el que cuestiona, el que se va, se da cuenta de las muchas cosas que andan y andaban mal, quizá más de las que estaba dispuesto a soportar.

Era de esperar que más tarde o más temprano, los legisladores que siguen al licenciado Danilo Medina asumieran una actitud diferente de los que siguen al doctor Leonel Fernández. Resultó extraño que luego de la declaración de Medina en Nueva York, condenando la creación de nuevos impuestos, legisladores que decían seguir sus orientaciones y tenerlo como líder, votaran a favor de la “reforma fiscal” sometida por el gobierno.

Luego llegué a poner en duda la lealtad “danilista” de esos legisladores  al verlos votar, como si fueran borregos, por un ambiguo proyecto de Presupuesto de Ingresos y Ley de Gastos Públicos que no asigna los fondos de manera clara y deja manos libres para el uso de fondos crecientes, en un año preelectoral, a un Presidente de la República que aspira ser repostulado en busca de la reelección.

Me preguntaba ¿Es cierto que es danilista un alto número de legisladores?

Obras son amores y no buenas razones. Al juzgarlos por sus hechos todo parecía indicar que el doctor Leonel Fernández mantenía la preeminencia dentro del Partido de la Liberación Dominicana.

El divorcio entre discurso y práctica se vio tan pronto como el Partido de la Liberación Dominicana tuvo una cuota de poder. Bastó con que manejara la Cámara de Diputados, en la década de 1990, para que creara numerosos puestos de asesoría para miembros del Comité Central, con sueldos entonces de lujo.

Cuando el maná del poder les cayó del cielo, en 1996, por una combinación política que despojó de caretas a los comediantes, llegó el momento de demostrar, la hora de “o to toro o to vaca”.

El gobierno del PLD, de 1986 a 1990, terminó como la fiesta de los monos. Dejaron una situación tan precaria que no había fondos para pagar a los empleados públicos el mes en que entregaron el poder, una deuda pública interna enorme, tuvieron que hacer el billete de dos mil pesos (RD$2,000) y dejaron, además, una flecha envenenada al no modificar el precio de los combustibles al ritmo que aumentaba el precio del petróleo. Esto último agotó las reservas monetarias. Y paro de contar.

Cuando los peledeístas entregaron el gobierno, el pueblo los etiquetó: entraron  “en chancletas y salieron en yipetas”

Muchos olvidaron, entre las mieles del poder, “servir al pueblo”: que había sido parte de la divisa del PLD. Ahora que el licenciado Medina se vuelve contra un gobierno que es, en buena parte, fruto de sus trabajos y desvelos, uno piensa ¿dónde tenía guardado, Danilo Medina, el discurso de oposición que exhibe ahora que quiere terciarse la banda presidencial? ¿Es que le tocó el turno de practicar aquello de “todo segundo quiere ser primero?”

Durante años los peledeístas se presentaron como diferentes. Siempre dije que tienen los mismos graves defectos y las mismas grandes virtudes del pueblo dominicano. Al fin y al cabo no son haitianos, ni gringos, ni suizos, ni españoles, son dominicanos, Son, los mismos.