Las caras del carnaval

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Los fuetes, al hacer contacto con el pavimento sonaban de manera estruendosa, pero al mismo tiempo inyectaban su vibrante energía a todas las personas que hicieron suya la fiesta de carnaval. En medio de esa euforia, miles de personas –dominicanos y extranjeros– disfrutaron del colorido de las comparsas y carrozas que desde las 3:00 p. m. empezaron a desfilar por el malecón del Distrito Nacional.

En primera fila de la tarima principal, ubicada en la avenida George Washington esquina Socorro Sánchez, estaban la vicepresidenta de la República, Milagros Ortiz Bosch y el secretario de Estado de Cultura, Tony Raful, a quienes constantemente se les vio sonreír y aplaudir con gran entusiasmo.

Minutos después de la quema del Buda por parte de las Cachúas de Cabral, Tony Raful destacó que a pesar que este año la fiesta carnavalesca se hizo fuera de la fecha acostumbrada, el pueblo se integró con el mismo fervor a su más genuina fiesta. “Ésta es una demostración clara de la participación nacional. Estoy muy contento con el Comité Nacional de Carnaval que preside la Secretaría de Cultura, por eso felicito a todos los compañeros que trabajaron para que esto fuera así”.

La vicepresidenta Milagros Ortiz Bosch dijo que en el carnaval de este año se notó una alegría manifestada en colores muy tropicales que denotan la creatividad que siempre va en aumento.

Dagoberto Tejeda, presidente de la Comisión de Carnaval, en todo momento dirigió el pase de las 116 carrozas y comparsas que este año, en su versión 23, tuvo como rey al artista plástico vegano José Lantigua, y dedicado a Domingo de León Corporán (Papalilo), gran jefe de la “Comparsa de Indios de San Carlos”, la más antigua del país.

Caminando hacia la tarima de la Cervecería Nacional Dominicana (CND), empresa que con su producto cerveza Presidente fue el patrocinador oficial de esta manifestación artístico cultural, observamos que muchas personas “refrescaron su cara de carnaval”, al dejarse pintar de verde, o simplemente colocándose los pañuelos que esta empresa les obsequió.

Como en ocasiones anteriores, este carnaval se convirtió en la excusa perfecta para criticar la crisis económica del país y enviar mensajes de contenido social, como la comparsa Samaná, que a través del mensaje de sus yolas “no te arriesgues”, hicieron un llamado a la población sobre el peligro que representan los viajes ilegales hacia Puerto Rico.

Por supuesto, los personajes “Se me muere Rebeca”, “Robalagallina”, “Diablo cojuelo”, “Cafilé”, llenaron de alegría este escenario rodeado de las palmeras que cobijan el mar Caribe, y los protagonistas en cada uno de sus movimientos dados al ritmo de cadenciosos merengues, alegraron los corazones de quienes a pesar de las altas temperaturas apoyaron con sus aplausos y algarabía el carnaval de 2004.