Las cárceles dominicanas

HÉCTOR RAMÓN ZAPATA
Desde el ascenso al poder hace dos años de las actuales autoridades, encabezadas por el primer ejecutivo de la nación, doctor Leonel Fernández Reyna, las cárceles dominicanas que eran antes centros de almacenes de seres humanos, hoy están tomando otro giro, superando con creces al aislamiento cada vez más, pues en su gran mayoría son ya modelos penitenciarios, por lo que servirán de desarrollo al país.

Los servicios que se ofrecían a los reos eran deprimentes. Empero, esto ha mejorado notablemente. Ya no se oyen las quejas de los familiares de los reclusos, que en el pasado eran constantes, por la manera en que sufrían en las cárceles. Muchas de las inmundicias recluidas allí merecen mejores condiciones de vida, empero otros no deben salir nunca a las calles, y por ende tenerlos en prisiones en los lugares más oscuros de la frontera, pues son personas iracundas y aún así merecen una mejor suerte.

Sin embargo, a pesar de todo lo mencionado arriba, las autoridades de prisiones ¡oigan bien esto! sino hubiese sido por instancias del Instituto Nacional de las Telecomunicaciones (INDOTEL), iniciaron investigaciones en la cárcel de Najayo, dando al traste con una estafa millonaria en actividad ilícita de clonar y activar celulares, ¡Qué lástima! Entonces ¿cómo es posible que esos reclusos lograran obtener en la cárcel estos aparatos, más todas esas computadoras portátiles? Nada más y nada menos que con la complicidad de los custodias ¿por qué ahora se ve que solamente se acusa a un grupo de esos reos energúmenos internados en esa prisión, cuando deberían de indagar más profundo cómo se permitió esta ridícula acción en esa cárcel? Pues si esto tenía tanto tiempo ocurriendo cómo no se dieron cuenta los gendarmes sobre ese movimiento ilegal, especialmente con esas computadoras portátiles.

Aunque digo en este trabajo que las autoridades de la Procuraduría General de la República, a través de la Dirección General de Prisiones están redoblando esfuerzos extraordinarios para de algún modo las mazmorras, en vez de ser lugares de perversidad, sean modelos de rehabilitación; asimismo estos pajoleros que por su mala conducta ante la sociedad caen en esa situación, cuando vuelvan a insertarse a la vida normal sean otros sujetos y se vean como personas modelos. A pesar de todo, con acciones de esa naturaleza se pone en tela de juicio la supuesta enseñanza de ser gente más útil, porque además es un fallo grave de las autoridades carcelarias, porque deben tener mejor vigilancia y constante registro en las prisiones, sin confabularse los custodios con los presos.

Por lo tanto, persisten las incertidumbres a pesar de los esfuerzos que las autoridades carcelarias del país están haciendo, entonces esos escollos hacen que se formen cada vez más las inmundicias entre los reos, especialmente en aquellas mazmorras que aún son custodiadas por la Policía Nacional, y en algunos casos por miembros del Ejército Nacional. No obstante, donde ya se está aplicando el modelo penitenciario están siendo adiestrados en diferentes áreas técnicas educativas, lo que lleva que muchos de estos mequetrefes cumplan sus condenas y los que salgan a las calles sean individuos más útiles a la sociedad y por ende no vuelvan a caer en acciones extravagantes repudiables por el pueblo.

Los conflictos que se han originado en las cárceles del país, producto del estado de hacinamiento en que se encuentran muchas de ellas, y aunque son sujetos que la justicia condenó por sus fechorías, tienen derecho a reivindicarse y capacitarse en esos centros de reclusión carcelaria. Otros, por la situación en que todavía se encuentran en las prisiones, salen de allí peor que lo que entraron, pero honestamente con el empeño que se nota en ese momento, las autoridades de prisiones y el gobierno central están trabajando para que no vuelvan a ocurrir casos como los que sucedieron en Higüey, La Vega, Puerto Plata, Moca y en otras cárceles.