Las conversaciones telefónicas de Lyndon Johnson

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La reciente publicación de más de cuatrocientas conversaciones telefónicas grabadas a Lyndon Johnson en la Casa Blanca entre abril y diciembre de 1965 provee a los historiadores con una excitante y nueva evidencia de la invasión de Estados Unidos a República Dominicana. El papel del Presidente en ese conflicto civil había sido algo misterioso hasta ahora ya que Johnson rara vez se comprometía por escrito. Los críticos y los académicos lo habían exonerado como un simple “tomador de decisiones” desinformado por el pánico del equipo que le daba seguimiento a República Dominicana, el cual propagaba rumores de una toma del poder por los comunistas.

Sin embargo, las grabaciones sugieren que Johnson estaba consciente de que la evidencia era insuficiente para justificar ese criterio y, quizás, estaba más preocupado por la política interior de Estados Unidos que por la situación en Santo Domingo. Reiteradamente, sus asesores más cercanos trataron de disuadirlo de excederse en el uso de una racionalidad anticomunista. Pero hacia donde quiera que mirara en Washington, Johnson veía enemigos que podían explotar cualquier vacilación de su parte.

Poco después de involucrar 23 mil tropas, admitió sus lapsus en juicios al tiempo que buscaba a quien echarle la culpa por éstos. Las grabaciones colocan a Johnson, definitivamente, en el centro de una de las más serias crisis en la historia de las relaciones de Estados Unidos con América Latina al tiempo que revelan el lado más oscuro de sus instintos en política exterior. (McPHERSON, Alan, Misled by Himself, Latin American Research Review, Howard University, junio 2003)

[b]EL TELÉFONO EN LA POLÍTICA[/b]

Una conversación telefónica es, para cualquier persona, una experiencia a la cual se reacciona casi siempre con mucha espontaneidad. La palabra hablada no permite tantas licencias correctivas como la escrita, de ahí que la confianza depositada en el interlocutor sea un factor importante para la libertad en expresar opiniones. Asimismo, el contenido de la información está muy condicionado si los que hablan saben que sus conversaciones están siendo grabadas y guardadas para la posteridad. Es por todo esto que las grabaciones de las conversaciones de un presidente de la nación más poderosa del planeta tengan tal importancia.

La publicación de las grabaciones de Lyndon Johnson cerca de cuarenta años después de una de las más grandes crisis en las relaciones de Estados Unidos con América Latina no ofrece nuevas revelaciones impactantes acerca del episodio dominicano. No obstante, sí añade la imprescindible textura de los estados de ánimo, las personalidades y las prioridades políticas durante la primera y más importante semana de esta crisis. Lyndon Baines Johnson estuvo siempre inclinado al uso del teléfono. Se calcula que hizo entre 75 y 100 llamadas cada día mientras estuvo en la Casa Blanca. Ese fue su mecanismo preferido de comunicación con los subalternos. No obstante, la gravedad de la crisis dominicana de 1965 provocó un sentimiento de inseguridad en el presidente norteamericano que se reflejaba como un delirio de persecución, dado su afán de reelegirse en ese cargo. Tan inseguro estuvo que en los primeros nueve días de la crisis, Johnson se entrevistó 180 veces con asesores importantes sobre la situación dominicana.

POBRES INSTINTOS EN POLÍTICA EXTERIOR

El Presidente norteamericano caracterizaba a República Dominicana como “una isla deshonesta, oscura e irresponsable”, tal como le dijo a McGeorge Bundy el 18 de mayo de 1965 a las 12:50 PM. Los calificativos derogatorios contra todos los patriotas dominicanos no tenían límites. Abe Fortas, un abogado a quien se encargó convencer a Juan Bosch de sumarse al plan norteamericano, lo calificaba como “notoriamente ineficiente”. En un diálogo con Johnson decía: “Este Bosch es un tipo de poeta heroico y un completo devoto de esa maldita Constitución. El presidente Johnson decidió comprometer decenas de miles de tropas norteamericanas en República Dominicana a pesar de que no había sólidas evidencias de un peligro comunista. Más bien estaba preocupado por un fracaso de su política doméstica en Estados Unidos proveniente del miedo a “otra Cuba” en el hemisferio occidental.

[b]McGEORGE BUNDY VERSUS THOMAS MANN[/b]

Los que verdaderamente tenían algo de influencia entre los asesores del presidente Johnson eran McGeorge Bundy y Thomas Mann. Bundy provenía del gobierno de John F. Kennedy y permanecía en la Casa Blanca por inercia. Mann, por su parte, era el Subsecretario de Estado Adjunto para Asuntos Interamericanos. Las grabaciones telefónicas de la Casa Blanca confirman las comentadas diferencias de enfoque y de estrategia entre los dos. Lo habitual entre esos dos personajes eran las confrontaciones ácidas. Mann, habitualmente, prevalecía por encima de Bundy gracias al beneplácito que le concedía el Presidente. Esto puede confirmarse en la grabación de las conversaciones sostenidas por el presidente Johnson con Abe Fortas y con Robert McNamara, entonces Secretario de Defensa. A ellos, por separado, el presidente norteamericano les dijo: “Honestamente, tengo mayor confianza en el juicio de Mann que en el de Bundy. Bundy es rápido, brillante y ágil y muchas otras cosas más pero es absolutamente un excéntrico en muchas cosas.” (19 de mayo de 1965). La realidad era que Johnson había preferido siempre las posiciones radicales de la ultra derecha de Estados Unidos antes que el liberalismo del Camelot de los Kennedy. No en balde se sintió menospreciado por el clan Kennedy que marginaba a los conservadores del Sur mientras exaltaba a la intelectualidad del Ivy League de la costa Este.

De ahí que ahora no sorprenda el hecho de que mientras Bundy conversaba con el coronel Caamaño para llegar a un acuerdo pacífico, las tropas norteamericanas apoyaran la “operación limpieza” en la parte Norte de Santo Domingo. Este tipo de agresiones siempre fue parte del plan de Mann. Esta doble moral hacía quedar al enviado presidencial Bundy como un mentiroso y charlatán a los ojos de los constitucionalistas. Nadie se enteraba todavía que el propio gobierno norteamericano estaba saboteando la misión. Igual ocurrió con la propuesta que hiciera Bundy a Antonio Guzmán para componer un gobierno de transición. Éste fue saboteado por el Departamento de Estado, demostrando las crecientes preferencias de la Casa Blanca por las posiciones de ultra derecha en República Dominicana (Conversación entre McGeorge Bundy y Bill Moyers el 25 de mayo de 1965).

Mann casi siempre triunfaba con sus posiciones agresivas y de apoyo a los militares golpistas. La inclinación evidente de Lyndon Johnson por el enfoque de Thomas Mann para solucionar la crisis dominicana llevó a que varios asesores de Johnson se disgustaran. Abe Fortas consideró renunciar y Luis Muñoz Marín, el antiguo gobernador de Puerto Rico, expresó estar avergonzado de ser un ciudadano estadounidense (conversación entre Fortas y Muñoz Marín el 20 de mayo de 1965).

[b]BALAGUER EN ESCENA[/b]

El lunes 26 de abril de 1965 a las 9:35 AM, apenas a dos días de iniciada la crisis dominicana, la siguiente conversación tuvo lugar entre Thomas Mann y Lyndon Johnson:

JOHNSON: Nosotros tendremos que organizar ese gobierno allí, manejarlo y estabilizar de una u otra manera. Este Bosch no es bueno…

MANN: No es nada bueno… si no ponemos un gobierno decente allá, señor Presidente, tendremos a otro Bosch. Eso sería otro barril sin fondo.

JOHNSON: Bueno eso es lo que usted tiene que hacer. Ese es su problema. Lo mejor que puede hacer es resolverlo.

MANN: El hombre que debe volver, creo yo, es Balaguer. Él es quien encabeza las encuestas que hemos hecho.

JOHNSON: Bien, trate de hacerlo, trate de hacerlo.

Este intercambio es la primera vez que quedó registrada la aprobación de Johnson a Balaguer. Más adelante, el diario personal de Thomas Mann reflejaría las entrevistas secretas de funcionarios norteamericanos con Joaquín Balaguer, seleccionado por los halcones del gabinete de Johnson como su ficha preferida para aplicar la solución para evitar “otra Cuba” en el hemisferio occidental.

[b]LA PARANOIA PRESIDENCIAL[/b]

Las grabaciones revelan al presidente Johnson plagado por el miedo real a una conspiración internacional vagamente definida. Para Johnson, más que para cualquiera de sus asesores con la excepción del Director del FBI, J. Edgar Hoover, todos los levantamientos en diferentes países eran parte de un plan maestro de alcance mundial. “Veo el patrón de comportamiento y no puedo quedarme callado.” Dijo Johnson a Bundy. “Lo que están haciendo en La Paz, Bolivia, lo que están haciendo en Ciudad de México y lo que están haciendo en Vietnam y República Dominicana tiene alguna relación entre sí.” Evidentemente, el mandatario norteamericano estuvo tan equivocado en sus juicios que, finalmente, tuvo que abandonar las aspiraciones reeleccionistas ante sus repetidos dislates políticos, tanto en República Dominicana como en Vietnam.