Las cuevas para el turismo (3 de 3)

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POR DOMINGO ABRÉU COLLADO
Las intervenciones públicas realizadas en cuevas para su manejo turístico antes de Maravillas y del Pomier se reducen a dos en Santo Domingo y tres en Los Haitises. Las de Santo Domingo son la Cueva (bautizada como) Bainagua, en El Pedregal, al final de la avenida Cayetano Germosén; y “Los Tres Ojos”, sistema de cuevas localizado en la avenida Las Américas, al este de Santo Domingo.

Tanto en “Los Tres Ojos” como en “Bainagua” se utilizaron materiales de gran resistencia: cemento, roca y hierro, para la construcción de caminerías, escalones, barandas, pisos, etc. Por eso se mantienen todavía.

En la “Cueva del Lago”, como también se le llama a la cavidad localizada en “El Pedregal”, se instalaron luces permanentes que causaron cambios ambientales en el interior de una cueva cuya estructura misma rechazaba alguna habilitación para visitación, dada la fragilidad de su techo y su permeabilidad.

En “Los Tres Ojos” el impacto fue mucho menor, pues se trata de un sistema de dolinas (cenotes) bastante aireado, y cuyo interior, caracterizado por un caos de bloques producto del desprendimiento del techo principal, fue manejado para el “serpenteo” de una caminería y algunos miradores. Puede decirse que la habilitación de “Los Tres Ojos” ha sido exitosa, no así la de la “Cueva del Lago”.

En el Parque Nacional de Los Haitises se habilitaron tres cuevas utilizando madera para la construcción de caminerías y pasamanerías. Esas cuevas son “Cueva de la Arena”, “Cueva del Ferrocarril” y “Cueva San Gabriel”, incluidas dentro del circuito de visitación en la zona litoral de Los Haitises.

La habilitación funcionó bien durante unos seis meses. Luego, la humedad y el salitre hicieron su efecto para causar estragos en las instalaciones. Aunque se estuvo haciendo reparaciones llegó un momento en que se hizo necesario abandonar la utilización  de las instalaciones en la “Cueva de la Arena” por la falta de seguridad para los visitantes.

En la “Cueva del Ferrocarril”, el apoyarse en los pasamanos causó su caída en varias ocasiones, ignoro si con el “acompañamiento” de algún o algunos visitantes. Algo similar ocurrió en la “Cueva de San Gabriel”.

La destrucción y la debilidad de las instalaciones en las tres cuevas indicadas de Los Haitises demostró que tales construcciones no eran lo indicado para un funcionamiento apropiado en una zona de visitación que demanda seguridad casi absoluta, pues no se trata de cuevas que se van a recorrer al riesgo, sino confiando en su habilitación y en su seguridad para personas de cualquier edad, como las que normalmente van a Los Haitises.

Pero la falta de una habilitación adecuada no solamente ha causado desconfianza en su visitación, sino además una merma en lo que podría ser uno de los parques económicamente más productivos del Sistema de Parques Nacionales dominicanos.

Pero además, el Parque Nacional de Los Haitises no ha podido incorporar comunidades ni al manejo ni a los beneficios que pudieran derivarse de ese manejo. Sabana de la Mar, en su condición de cercanía al parque, es una comunidad que pudiera estar recibiendo cientos de visitantes diariamente de paso hacia las instalaciones en Los Haitises, lo que ayudaría económicamente a una parte de los sabanalamarinos. Pero contrario a ello, la economía de esa pequeña ciudad parece ir en decadencia.

Otras cuevas de la República Dominicana han recibido algún tipo de modificación de parte de supuestos inversionistas –más bien aventureros-, principalmente en la avenida Las Américas y en Puerto Plata, pero eso no puede calificarse propiamente como habilitación.