Las implicaciones de la distimia

Asumir la vida con cierta anemia emocional, desinterés, pobre pasión, más, la ausencia de encontrarle utilidad, amor y bienestar a la propia existencia, se ha convertido en casi una norma para muchas personas. Esa forma de decir “vivo” pero no le hago el amor a la vida, o “existo “pero no con las gana que debería y, mucho menos, cada día es mi mejor día.

Así se expresa la distimia: una depresión leve, de baja intensidad en los síntomas, pero crónica en la duración, con más de dos años; donde el paciente reconoce que lleva años con tristeza, desánimo, poco interés por las cosas, irritabilidad, pesadez, desmotivación frecuente, pobreza en las acciones para organizar el proyecto de vida y falta de energía para empezar la cotidianidad, o terminar lo que se había planificado. Esa falta de persistencia, de competitividad, de autoconfianza y de pobre autodeterminación lo produce el estado de ánimo distímico. Diríamos que la persona lo siente, lo vive, pero no lo asume como depresión debido a que asiste a la universidad, al trabajo, a las actividades sociales, pero lo hace desde un bajo perfil, dada su lentitud, su bloqueo de pensamiento, su falda de ganas por reír, divertiste, y de sentir la “chispa a la vida “. Esa distimia a veces se acompaña desde la niñez o la adolescencia y la vida adulta, pero no se reconoce; se siente a través de la baja autoestima, la timidez, la inseguridad, la dependencia emocional, la inseguridad psicosocial para tomar decisiones, empezar nuevos proyectos o decidir renunciar a un trabajo tóxico o una relación tóxica o confrontar circunstancia que por años nos viven desarmonizando la propia vida. El distímico no se decide, le teme a los cambios, su personalidad es de perfil dependiente, o de tendencia al neuroticismo cuando tiene que tomar decisiones.

Sencillamente, las reconoce, pero no sabe por dónde empezar, cómo valorar los riesgos o medir las consecuencias, “su vulnerable carácter” no lo deja; de ahí su tendencia al desánimo, al pesimismo, a la conformidad, a los procesos de “víctima” de forma inconsciente.

En la depresión distímica, la persona no tiene esa melancolía, ni las ideas suicidas persistente, ni planifica el suicidio, sin embargo, vive pero poco le importa lo que le pase, no practica el auto-cuidado, los límites, la cultura de buen trato para sí mismo, o no asume su proyecto para la adultez mayor, dado el amor intenso y el sentido de transcendencia con el que se debe vivir. Es decir, es una depresión que la siente y la padece, pero no tiene conciencia de que necesita la ayuda. En ciertas ocasiones, siente la necesidad de llorar, dada la labilidad emocional y la tristeza. La distimia afecta del 2 al 4% de la población, tanto a mujeres como a hombres, con un predominio en su bajo rendimiento psicosocial, laboral y emocional.

Las implicación de la depresión distímica son: bajo rendimiento laboral, pobre desempeño psicosocial, actitud conservadora y de minusvalía frete a la vida, o proceso de victimización, baja auto-estima, pobres éxitos en proyectos, inseguridad, lentitud cognitiva y desesperanza, producto de su tendencia al desánimo. Sin embargo, la distimia se trata y se supera con tratamiento médico y psicoterapia. La percepción de la vida cambia de tono y calor en el pensamiento, el ánimo y la motivación después de un tratamiento. Se aprende a la construcción de nuevas actitudes emocionales para la felicidad, el bienestar y la armonía en la vida.