Las intervenciones de gobiernos afectan al mercado de alimentos

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Alan Beattie y Javier Blas
Como Dale Wiest, gerente de Unga, un molino de maíz en Nairobi, capital de Kenia, lo ve, el efecto que las restricciones comerciales causadas por el pánico están teniendo en los precios mundiales de los alimentos están demasiado claras.

El año pasado él compró la mitad de su grano a Tanzania, país vecino.

Pero después de una mala cosecha, el país prohibió las exportaciones en enero. “Desde entonces, no hemos podido comprarles,” dice.

 Los precios del maíz en Kenya son un tercio más altos que el año pasado y el señor Wiest es pesimista. “Pienso que los precios subirán aún más,” comenta.

    La producción de alimentos, como la mayoría de las industrias, ha llegado a ser cada vez más globalizada a medida que el transporte se ha puesto más barato y las comunicaciones más eficientes.

Pero el comercio de los alimento está lejos de liberarse: al igual que con los  textiles y prendas de vestir, ha sido por mucho tiempo controlada por  la intervención gubernamental. Las distorsiones resultantes han ayudado a dar forma formar una crisis que ha causado disturbios por alimentos en cerca de 30 países este año – y las prohibiciones de exportación impuestas por los gobiernos a través del mundo la hacen crecer.

El alza o crecimiento de exportadores agrícolas hiper eficientes como Brasil y Tailandia en las últimas dos décadas pueden estar vinculados a la apertura de la pampa argentina y la pradera norteamericana hacia el finales del siglo XIX, que revolucionó el comercio en el trigo y la carne de vaca. Brasil en particular, dotó con agua abundante y millones de millas cuadradas de prado cultivable (y selva amazónica, ilegalmente) ha llegado a ser para muchos productos básicos – azúcar, carne de vaca, granos de soja, jugo de naranja y pollo – lo que China es para los productos manufacturados o lo que India es a los servicios subcontratados para los negocio.

Algunos países en vías de desarrollo dependen substancialmente de las importaciones para obtener alimentos básicos como trigo, maíz y arroz.

Egipto, por ejemplo, cuya población tiene más que el doble de hace 20 años y está  cada vez más urbanizado, importa alrededor de la mitad su alimento básico, el trigo. Tony Allan, experto en el uso de agua en la Escuela de Estudios Orientales y Africanos en Londres, dice que el país no tiene elección, ya que no puede alimentar a toda su población de manera sostenible – aún con los recursos de agua del Nilo. El mes pasado Hosni Mubarak, presidente de Egipto, ordenó a su ejército aumentar la salida de pan en las muchas panaderías que controla – usualmente utilizadas para hornear pan para sus propios soldados – para manejar las largas filas de pan y los ocasionales estallidos de violencia.

Pero aunque los granos básicos son fácilmente comerciables, por el hecho de ser no perecederos , es chocante cuán poco se vende a través de las fronteras internacionales.

 El arroz provee casi un tercio de las calorías del mundo en vías de desarrollo, pero solo se exporta alrededor del 6-7% de la producción mundial, a pesar de las amplias variaciones en productividad y precio entre los diferentes países. 

Esto se deriva en parte de la creencia de que “la seguridad de alimento” – asegurar un suministro regular de sustento básico – se logra mejor manteniendo una proporción grande de la producción en casa, especialmente en los países donde la importación de las cadenas de suministro es ineficaz o está controlada por monopolios que pueden restringir las ventas para mantener los precios altos. Como resultado, el mercado internacional para el arroz está lejos de ser eficiente, fracturada en una serie de arreglos bilaterales en lugar de un cambio profundo y líquido.

La predisposición hacia la producción interna en los países más ricos delata otro motivo familiar: un cariño histórico por el cultivo que a menudo va unido a apegos sentimentales vinculados a la cultura, la cocina y el paisaje, el terreno. Los granjeros a pequeña escala de Japón y Corea del Sur, por ejemplo, que cultivan arroz en  terrazas en las laderas de las montañas, están entre los más mimado en el mundo: algunas de las tarifas de arroz en Japón que se mantienen fuera de la competencia extranjera por precios más baratos están por encima de 700% (¡setecientos!). Estas intervenciones a menudo distorsionan las señales del mercado global. Los gobiernos imponen tarifas de importación y subvenciones para mantener los ingresos de los granjeros más altos de lo que serían si estuvieran sujeto a la competencia del mercado libre. a veces también compensan a sus consumidores con subsidios para mantener bajos los precios que tienen que pagar.

Inevitablemente, esas intervenciones varían de país a país. El Instituto Internacional de Investigación Sobre Políticas Alimentarias  (IFPRI por sus siglas en inglés) estima que el precio del maíz en México ha estado 35% más alto que los precios mundiales desde el inicio de 2005, mientras en  India el arroz estaba en promedio más del doble de caro que el resto del mercado mundial.

Pero cuando los precios “meta” a menudo permanecen fijos, las señales de los mercados mundiales enmudecen.

Se hace difícil amortiguar el golpe

Aplacar  tanto a los agricultores como a los consumidores puede ser relativamente fácil, aunque no necesariamente eficiente, cuando los precios de los alimentos son estables.

Pero los precios altos y volátiles de hoy hacen cada vez más difícil amortiguar el golpe para los consumidores y muchos de los gobiernos de los países más pobres no pueden darse el lujo de mantener indefinidamente bajos los costos de los alimentos.

En lugar de esto, han comenzado a quitar las tarifas a la importación e imponer prohibiciones a la exportación en un intento por transferir los ingresos directamente de los agricultores y granjeros a los consumidores – evitando que los campesinos vendan su producto al precio más alto que pueden encontrar en los mercados internacionales.

Dichas medidas pueden aliviar los problemas domésticos de suministro a corto plazo.

Pero también crean escasez en los mercados globales, acentuando los problemas de quienes dependen de las importaciones – especialmente cuando los altamente eficientes exportadores netos de grano, como Argentina y Ucrania, restringen las exportaciones. Joachim von Braun, director-general de IFPRI, llama a esa conducta política  de “mate de hambre a su vecino”.

LAS CLAVES

1. Producción globalizada

T    La producción de alimentos, como la mayoría de las industrias, ha llegado a ser cada vez más globalizada a medida que el transporte se ha puesto más barato y las comunicaciones más eficientes.

2.  Lejos de liberalizarse

El comercio de los alimentos está lejos de liberarse: al igual que con los  textiles y prendas de vestir, ha sido por mucho tiempo controlada por los gobiernos.

3.  Ventas transfronterizas

Aunque los granos básicos son fácilmente comerciables, por el hecho de ser no perecederos, es chocante cuán poco se vende a través de las fronteras internacionales.

Inversión elude déficits externos grandes

Las fuertes caídas de la moneda de Islandia, Sudáfrica y Turquía desde principio de año demuestran la creciente aversión de los inversionistas a economías con grandes déficits externos y alta dependencia de entradas de capital. Evaluar esta dependencia significa mirar indicadores diferentes -el tamaño del déficit actual de cuenta corriente relativo al producto interno bruto, la necesidad de  divisas para cumplir con la deuda y la cantidad de reserva de divisas. En estas métricas, los países más vulnerables en Europa central y del Este, el Cercano Oriente y África son Islandia, Letonia, Turquía y Rumania. Por el contrario, Kazajistán está relativamente bien:- sus reservas de divisas son el triple del pago de la deuda estimada para el año próximo.

Sin embargo, Citigroup sugiere que la susceptibilidad de un país depende no del tamaño de sus necesidades externas de financiamiento, sino de cuán rápidamente los dueños del capital social del país pueden convertir sus activos en divisas. Para medir esto, Citi clasifica las afluencias de capital según cuán fácilmente reversible sean –las afluencias o entradas de cartera se valoran más alto, seguido por el crédito bancario y después la inversión directa extranjera. Este análisis rinde resultados bastante diferentes.

Los estados del Báltico, Turquía y, en particular, Islandia, tienen la peor combinación de altas necesidades externas de financiamiento y entrada de capital fácilmente reversible. Pero otros países a menudo vistos como sumamente vulnerables a los shocks externos -como Bulgaria, Hungría y Kazajistán– parecen menos expuestos.

La crisis no sólo afectó al sector financiero de EU

Hay una idea persistente en el mercado, de que la putrefacción se limita al sector financiero. El poco rendimiento en el negocio financiero de GE fue la principal razón para los pronósticos perdidos del grupo, pero sus divisiones de la industria y su salud también decepcionaron.

La semana pasada, Alcoa, que debía estar cabalgando alto entre el boom de los bienes y materias primas, no cumplió con el estimado del consenso. Mientras tanto, UPS cortó su guía de primer trimestre en un pronóstico más oscuro para la economía estadounidense y los altos precios de los combustibles.

LA CIFRA

0,43

dólar.  Fueron los beneficios obtenidos por acción. El mercado había estimado  0,51 dólar. Además, recortan las previsiones para 2008.

VERSIÓN AL ESPAÑOL DE MIRIAM VELIZ