Las jerarquías ni ven, ni entienden

POR TEÓFILO QUICO TABAR
Lo que le ocurre a las jerarquías, su obnubilación y sus acciones casi siempre fuera de sintonía con los problemas y los anhelos de las mayorías, radica y a la vez les sirve de excusas, por el hecho de que como supuestamente tienen que dedicarse a los asuntos macro, a las cosas importantes y de gran magnitud, no tienen tiempo para atender las pequeñeces y las cosas de menor importancia. Su peso en la sociedad, sus investiduras, sus rangos son demasiado grandes para “perder tiempo” escuchando los alaridos de la gente común y corriente que solo piden, protestan y reclaman.

Como su tiempo es limitado por los compromisos sociales, reuniones, almuerzos, viajes, así como entrevistas con personalidades de su nivel, cuando algunas personas de menor rango que conocen lo que ocurre a su alrededor o viven las mismas penurias que el resto de la sociedad, les es imposible hablarle de esos temas, por cuanto los minutos de que disponen son para resolver problemas casi siempre de su propia subsistencia o del funcionamiento de las cosas que tienen bajo su responsabilidad.

A pesar de los avances en materia de comunicación, la vida se complica cada día más y las cosas se hacen más difíciles. Los accesos y oportunidades para ver y hablar con las jerarquías se hacen cada vez menores y por más corto tiempo, lo que aumenta la desinformación y las distancias entre unos y otros y alejan las oportunidades de sintonía con los verdaderos problemas.

El problema es la deshumanización, pues a pesar de los grandes adelantos en algunas áreas y los grandes proyectos que se ejecutan o proyectan, el deseo de que el ser humano se desarrolle en toda su magnitud no está presente. Se buscan objetivos políticos, estratégicos, empresariales, comerciales en los cuales solo se piensa en el ser humano como pieza para que al consumirlo o usarlo les brinden beneficios o lograr sus objetivos estratégicos.

Los empresarios como parte de la jerarquía, a pesar de que muchos desconocen las penurias que padece gran parte de la población, incluso la de sus empleados o trabajadores, dedican tiempo para hablar con sus subalternos, no tanto por saber lo que les ocurre, sino porque ello les ofrecen mayores oportunidades de expandir sus negocios o de comprender las estrategias de los posibles competidores. No necesariamente por cuestiones humanas, sino de índole puramente empresarial, pero les ofrecen la oportunidad de conocer lo que ocurre en el mercado, ya sea que las ventas bajen o suban, por lo que a veces conocen más la realidad que el resto de las jerarquías.

Para la mayoría de las personas, la situación está según les vaya de manera personal, en sus actividades empresariales, en sus negocios, en sus trabajos, etc. Hay una íntima relación entre la forma como la gente analiza la situación con su propia situación. Es por eso, que las opiniones de las jerarquías no siempre obedecen a las realidades que viven las mayorías.

La situación de los que forman parte de las jerarquías, casi siempre es buena, por eso, cuando los políticos en el gobierno y los representantes de organismos multilaterales hablan con ellos, a menos que tengan un problema específico con el gobierno, casi siempre les dicen que las cosas andan bien. Sea que hablen con las jerarquías económicas y sus “voceros independientes”, con las jerarquías religiosas o con los de otra índole, las cosas que conversan entre bienestar y bonanzas no pueden ser malas. El peligro está en que la distancia entre esas jerarquías con los que conocen la verdadera situación del país, les impide entender porqué la gente protesta, se queja y reclama.

Las protestas, quejas y reclamos se hacen porque mientras algunos adocenados por las jerarquías tratan de presentar un país rebozado de bonanzas, las distancias les impiden entender que lamentablemente el resto de la población se debate en medio del abandono y la miseria, y a pesar de los tantos engaños y las tantas mentiras, todavía mantienen la fe de que alguien algún día los escuchará.

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