Las lecciones del caso Bautista

La primera lección aprendida de la sentencia absolutoria del senador Félix Bautista, dictada por el Juez de Instrucción Especial de la Suprema Corte, Alejandro Moscoso Segarra, es que la Justicia dominicana ha de ser independiente de los poderes Legislativo y Ejecutivo, pero tampoco puede dejarse narigonear ni condicionar por una opinión pública prejuiciada contra un acusado, arengada por una sociedad civil dispuesta a crucificar a determinado sector partidario, en aras de una lucha anti corrupción politizada.

La segunda lección atañe al Procurador General de la República, doctor Francisco Domínguez Brito, quien parece que prestó más atención a agenciarse el apoyo de la sociedad civil y los medios de comunicación, inclusive alimentándolos desde las redes sociales, que a consolidar un expediente verídico, capaz de probar de forma irreductible la comisión del desfalco y la malversación de fondos públicos, que atribuyó con saña y mala fe al senador Bautista y los seis coacusados.

La tercera lección se desprende de la actuación del propio magistrado, quien condujo los debates del proceso judicial con imparcialidad, objetividad, apegado al derecho y, sobre todo, con elegante sobriedad. Fue valiente al pronunciar la sentencia absolutoria del senador Bautista. Se hubiera ganado loas y aplausos de una parte de la sociedad que quiere ver colgado al legislador acusado, hoy liberado.

Bautista, secretario de organización del partido oficial, merece reconocimiento. Enarbolando siempre su inocencia, fue crucial su discurso autodefensivo de cinco horas, decidido a no dejarse inmolar, pues Jamás rehuyó éste ni otros pleitos. Declarado inocente por cargos de corrupción hace 15 años, Bautista se benefició en 2012 de un expediente archivado por la Dirección Contra la Corrupción, base del presente proceso. Ahora acaba de conseguir su absolución plena; la sentencia es inapelable. Ganó la Justicia, ganó Bautista, ganó el país.