Las letras que salvan

Federico  Henríquez Gratereaux

Cada esperantista tiene una lengua materna; que no es, por supuesto, el esperanto. Ni siquiera Lázaro Luis Zamenhof, el creador de esa lengua, puede llamarla materna; para salir del paso podríamos decir: “lengua paterna”, puesto que este médico polaco fue padre de dicho lenguaje, concebido para que llegara a ser universal. Zamenhof nació en Bialystok, lugar de Polonia en aquella época perteneciente al imperio ruso. Por ser de familia judía, hablaba el yidish, o sea, el judeo-alemán que hablaban casi todos los judíos de Europa central y del Este. También dominaba el polaco y el ruso; estudió en Moscú y en Varsovia.

Oftalmólogo de profesión, consideraba el ruso como su lengua materna. Zamenhof también aprendió alemán, latín, hebreo, griego; era un verdadero políglota; pero se expresaba con preferencia en ruso. En las notas biográficas acerca de él se hace hincapié en que ejercía como oculista en el barrio judío de Varsovia, esto es, en una comunidad de pobres. Creyó siempre que las diferencias nacionales, de raza, de cultura, podrían zanjarse mediante una lengua común. Criado en el centro de los conflictos imperiales de Europa, confiaba en el poder unitivo del idioma. Firmaba sus escritos con el seudónimo: “Doktoro Esperanto”, que puede traducirse como “doctor esperanzado”.

No hay que aclarar que la tozudez de los judíos es consecuencia de su permanente sufrimiento por espacio de siglos. Los judíos perdieron su Estado, perdieron su tierra y perdieron su lengua. Por eso el poeta Heine pudo decir de ellos: “la patria de los judíos es un libro”. Agarrados de la Biblia, fueron llamados en la antigüedad “el pueblo del libro”. Dispersos por el mundo, sin tierra, sin Estado, ni lengua, se aferraron a la cultura tradicional para mantener su identidad.

El hebreo, lengua muerta desde tiempos de Cristo, ha renacido por obra de la terquedad de otro Eliezer nacido dentro del imperio ruso: Ben Yehuda; quien decidió hablar el hebreo muerto en su casa y contagió con su ejemplo a los judíos que emigraron al Israel de hoy. Los escritores y poetas judíos optaron por escribir en hebreo y produjeron un renacimiento milagroso. Dos políglotas testarudos: uno inventó el esperanto, otro resucitó el hebreo… que ya hablan millones.