Las madres, amor y ciencia

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En razón de celebrarse hoy tan hermosa ocasión, como es el Día de las Madres, son ellas con su entrega quienes han permitido que el universo exista, que los humanos tengamos la capacidad de afirmación en esta moderna etapa  humanista. Son la ternura, el amor, el respaldo cariñoso, los que permiten que ratifiquemos el máximo de nuestras potencialidades y nos libran de las ataduras del desamor. El amor materno nos coloca a todos en una plenitud de desarrollo como individuos, lo que sólo se puede alcanzar mediante la orientación racional; pero aún más que lo racional, lo humano, ambos son irreductibles, porque constituyen los elementos fundamentales de nuestra concepción de la vida.

Pido el derecho a los amables lectores de hacer estas reflexiones, en este día tan especial como es la celebración y veneración de ese ser tan excelso como lo es una madre. El prominente pensador en neurociencias Antonio Damasio, en la publicación de su obra “El error de Descartes”, argumentó contra la fórmula del racionalismo cartesiano: “Pienso y luego existo” y lo invierte, afirmando él que: “Primero es el ser, luego el pensar”; esto lo comparto a  plenitud. Lo que defiende es el hecho de que los sentimientos serían manifestaciones mentales secundarias, de equilibrio y armonía, de disonancia y discordancia.

Si se pudiera mezclar aún sea por hoy la ciencia y los sentimientos, partiendo de que las ciencias se originan en el sentido común, en la curiosidad, la observación y la reflexión. ¿Y los sentimientos dónde y cómo se inician? la respuesta correcta sería de Premio Nobel. Las excelencias de un hombre creador se pueden medir, pues varían sus conocimientos y su fuerza, pero no la alta calidad que lo hace grande. No esperamos  que nadie sea mejor que Kepler o Newton, como tampoco esperamos que éste o aquel escritor sea superior a Sófocles, ni que cualquier doctrina sea mejor que el Evangelio según San Mateo, podemos  “medir”  todo lo que está hecho. Pero yo quiero que alguien me diga, dónde y cómo podemos medir el amor de una madre, la abnegación y la entrega absoluta que ella nos prodiga desde antes de uno nacer.

Como el “conversatorio” de hoy es sobre los sentimientos, deseo agradecer públicamente un obsequio que recibí del  amable doctor Alberto Amengual: el libro “Los Sentimientos”, de Karol K. Truman, por lo agradable de su lectura, cuando la inicié no pude dejarlo. El capítulo 3 lo empieza con la pregunta: “¿Dónde comienzan los Sentimientos? señalando que muchos de nuestros sentimientos fueron establecidos antes de que naciéramos. Entramos en este reino con algunos de ellos. Fuimos susceptibles a los sentimientos que experimentaron nuestros padres durante nuestro período de gestación, y estos sentimientos a menudo causaron que estableciéramos percepciones y creencias, correctas o incorrectas desde el momento que estaban siendo experimentados”.

Felizmente, existen unos personajes sobre este planeta que son soñadores, y los únicos capaces de simplificar esas cosas que nosotros los profanos no logramos describir, ellos usando palabras simples, tienen la sabiduría de compendiar los sentimientos como el de ser madres, son los poetas. Aun el más sofisticado equipo de diagnóstico no puede valorar  el amor filial. Dejemos que sea N. Newman que nos lo describa en versos. En “Si tienes una madre todavía¨, / !Si tienes una madre todavía da gracias al Señor que te ama tanto/ que no todo mortal cantar podría dicha tan grande ni placer tan santo! / Si tienes una madre… sé tan bueno, que ha de cuidar tu amor su faz preciosa; pues la que un día te llevó en su seno siguió sufriendo y se creyó dichosa/ Ella puso en tu boca la dulzura de la oración primera balbucida, y plegando sus labios con ternura, te enseñaba la ciencia de la vida/. Sólo ellas pueden enseñar “amor y ciencia”. Feliz día a todas las madres, pero en especial a Doña Vaganiona, una de las mejores.