Las nuevas realidades políticas criollas

Al firmar, horas antes de irse una semana a España, su inesperado pacto con Miguel Vargas Maldonado para viabilizar los trabajos de la asamblea revisora de la Constitución, el Presidente Fernández ha dado nueva vez una clara señal de estar a años-luz de distancia de la inmensa mayoría de los demás políticos dominicanos.

Los reformistas, incapaces de administrar sus desmesuradas ambiciones pese a todas las muestras de avenimiento que les fue dando el Presidente, no acaban de entender que, por definición, el arte político implica pactar con espíritu colectivo, encontrar puntos de encuentro para que los propósitos comunes puedan realizarse.

Queda claro que, guste o no al resto de la dirigencia perredeísta, Vargas Maldonado controla exclusivamente él a la casi totalidad de los legisladores de su partido. Es efectivamente su líder. Algunos quieren desvincular esa hegemonía congresual de la voluntad de las bases que irán a su convención para renovar la dirigencia partidaria, pero por mi parte lo dudo.

También parece evidente que la disolución del PRSC se debe en gran parte a que ese partido se ha quedado con más “líderes” que “liderados”, más generales que tropas, y ni así logran ponerse de acuerdo para transparentar la legitimidad de su dirigencia mediante la aplicación de la democracia interna.

Si una consecuencia del pacto es que el Presidente Fernández no irá como candidato presidencial en 2012, una lectura poco aireada es que el Jefe de Estado queda pues liberado del yugo de su comité político y podrá en consecuencia gobernar más libremente, sacudiendo la mata del gabinete para podar las ramas secas y la fruta podrida.

El acuerdo con Vargas Maldonado vuelve a confirmar que, en política, aquí todos están bailando al compás del Presidente, un hombre de 55 años que ya lleva tres Presidencias mientras Balaguer llegó por primera vez a sus 60 años de edad. Al elevar a Vargas Maldonado por encima de sus demás compañeros, Fernández no sólo logra votos dentro de la asamblea revisora, sino que consigue un interlocutor legítimo para hacer política de altura. No es exactamente lo mismo, pero recuerda cómo Balaguer exaltaba a Peña Gómez haciéndolo aún más líder.

En fin, hay un panorama con nuevas realidades políticas criollas en base a viejos trucos. Quizás eso sea algo que los dos jefes políticos del país puedan ocuparse de cambiar.