Las once candidaturas constituyen un récord

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Las once candidaturas presidenciales presentadas por 23 partidos para las elecciones presidenciales de mayo próximo constituyen un récord en la historia política nacional, con una variadísima oferta que incluye a grupos tradicionalmente contestatarios del sistema político nacional.

El abultado número de candidaturas tendría explicación en el financiamiento estatal para las campañas electorales y en el espejismo de que los partidos tradicionales están agotados y podrían ser relevados en las simpatías de los electores nacionales.

Pero a pesar del desgaste que muestra el partidismo político nacional, con dos de las principales agrupaciones sumidas en prolongados enfrentamientos que pasan del año y divisiones internas, ni las encuestas ni la percepción de los analistas avalan la posibilidad de que puedan ser desplazados en los próximos comicios.

[b]Explosión de candidaturas[/b]

Cuando el miércoles 17 quedó cerrado el plazo para el registro de candidaturas ante la Junta Central Electoral, el balance resultó sorpresivo para muchos. Veintitrés partidos políticos reconocidos habían inscrito 11 candidaturas presidenciales, un número que supera ampliamente las registradas en todos los torneos electorales de la etapa posterior a la tiranía de Trujillo.

La lista de los candidatos presidenciales está encabezada por los tres partidos que en las últimas décadas han dominado el escenario político nacional: Hipólito Mejía del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), Eduardo Estrella, del Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), y Leonel Fernández, del Partido de la Liberación Dominicana (PLD).

Cada uno de estos partidos encabeza una alianza, la mayor de las cuales es la del PLD, cuyos candidatos Leonel Fernández y Rafael Alburquerque están respaldados por otras 6 agrupaciones: El Bloque Institucional Social Demócrata, Partido de los Trabajadores Dominicanos, Unión Demócrata Cristiana, Partido Liberal de la República Dominicana, Fuerza Nacional Progresista y Alianza por la Democracia.

La candidatura perredeista de Hipólito Mejía y Rafael Suberví Bonilla es respaldada por otras cinco agrupaciones: Unidad Democrática, Partido Quisqueyano Demócrata, Partido Renacentista Nacional, Partido de la Unidad Nacional y Partido Humanista Dominicano.

A su vez la candidatura del PRSC, encarnada en Eduardo Estrella y José Hazim, tiene un solo aliado en el Partido Nacional de Veteranos y Civiles.

En total 15 de los 23 partidos participantes están involucrados con esas tres candidaturas, las que han dominado casi absolutamente el espectro político nacional de las últimas tres décadas y todas las encuestas publicadas en los últimos meses, lo que parece indicar que mantendrán su predominio en los próximos comicios.

Las otras 8 candidaturas las representan Trajano Santana y Milagros Ventura por el Partido Revolucionario Independiente; Ramón Nelson Didiez Nadal y Maribel Altagracia García Reyes, por el Partido Demócrata Popular; Carlos Ramón Bencosme Adames y María de los Angeles Villamán por la Alianza Social Dominicana, y Héctor Rafael Peguero Méndez y Eddy Daniel Lora Ruiz, por el Partido Popular Cristiano.

También Ramón Almánzar y Ramón Enrique Amparo Paulino, por el Partido Nueva Alternativa; Rafael Flores Estrella y Secundino Palacio, por Fuerza de la Revolución; Ramón Emilio Concepción y Humberto Nicodemus Arias Almonte, del Movimiento Solidaridad Nacional; y Raúl Pérez Peña y Marina de la Concepción Valera Regús, por el Partido de la Auténtica Democracia.

[b]Nunca pasaron de 8[/b]

El mayor número de candidatos en elecciones presidenciales había sido 8, registrado en 1978, en 1990 y en las últimas del 2000. En 1966, 82 y 86 las candidaturas sumaron 7, y en los comicios de 1994 y 96 fueron 6. El récord en menor número de candidaturas presidenciales lo tienen las elecciones de 1974 cuando sólo Homero Lajara Burgos “compitió” con Joaquín Balaguer en su segunda reelección consecutiva. En 1970 hubo en total 5 candidaturas.

Los mayores números de partidos participantes se registraron en los comicios del 2000, cuando sumaron 16, y 15 en 1990. En la primera vuelta de 1996 compitieron 5 candidaturas presidenciales, respaldadas por 14 partidos, 9 de los cuales sustentaron la candidatura de José Francisco Peña Gómez y Fernando Alvarez Bogaert.

Además de Hipólito Mejía, en los últimos comicios presidenciales participaron como candidatos presidenciales los señores Danilo Medina, Joaquín Balaguer, Ramón Almánzar, César Estrella Sahdalá, José González Espinosa, Manuel Almonte Salazar y Agustín Encarnación.

De los candidatos presidenciales inscritos hay algunos poco conocidos entre la mayoría de los electores, como son los casos de Didiez Nadal, Bencosme Adames y Ramón Emilio Concepción.

Fuera de los postulados por los tres partidos mayoritarios, el resto de los candidatos a la vicepresidencia son casi desconocidos, independientemente de sus méritos personales.

Por primera vez cuatro mujeres aparecen como candidatas a la vicepresidencia de la República. Ellas son Milagros Ventura, Maribel García Reyes, María de los Angeles Villamán y Marina Valera Regús. Ninguna de ellas había tenido participación relevante en las actividades políticas, por lo que son virtualmente desconocidas.

El que más de la tercera parte de las candidaturas vicepresidenciales correspondan a mujeres podría tener relación con el hecho de que en los anteriores comicios fue electa una mujer como vicepresidenta, Milagros Ortiz Bosch, por primera vez en la historia nacional.

Los tres candidatos vicepresidenciales de los partidos mayoritarios son profesionales de la política. Uno de ellos, Rafael Alburquerque, ya fue candidato vicepresidencial por el PLD en 1978 y se postuló a la presidencia por su Partido del Pueblo Dominicano en 1996. Aunque Suberví Bonilla y Hazim llevan más años promoviéndose para la presidencia y son más conocidos a nivel nacional.

[b]La ilusión del relevo[/b]

La principal razón de la proliferación de candidaturas presidenciales parece ser la difundida creencia de que los partidos tradicionales están en proceso de extinción, razón por la cual muchos se hacen la ilusión de convertirse en emergentes para relevar el desgastado liderazgo político tradicional, al que se acusa de corrupción.

Es cierto que las investigaciones y estudios más profundos, como el de la encuesta sobre Cultura Política efectuada en tres ocasiones a partir de 1996, han marcado un gran desprestigio de los partidos, que figuran, junto al congreso entre las instituciones en que la ciudadanía deposita menos confianza.

Sin embargo, ello no ha sido factor determinante de considerable abstención, cuyo promedio histórico en comicios presidenciales ronda en 26 por ciento, aún después de los fraudes electorales de 1990 y 1994, que tanta desconfianza en el sistema partidista dejaron en la ciudadanía.

Hay quienes estiman que la abstención en los próximos comicios podría superar el promedio histórico, debido a las decepciones ocasionadas por los dos últimos gobiernos, especialmente en el que prevalece. Pero nadie espera un descalabro considerable de los partidos tradicionales en la consulta de mayo. Las encuestas ni siquiera sugieren que pueda emerger un cuarto potencial relevo.

El dominio de los partidos tradicionales por encima de la desconfianza que muestra en ellos la ciudadanía está determinado por el desempleo y la pobreza prevalecientes en amplias capas de la población, que viven de la ilusión de un empleo público y que en las campañas electorales persiguen el “boroneo clientelista” y la retribución por engrosar los equipos propagandísticos, el “bandereo” y el “caravaneo”.

[b]El financiamiento estatal[/b]

Otro factor que incentiva la proliferación de candidaturas presidenciales lo constituye el financiamiento estatal para las campañas electorales instituido en la reforma de la ley electoral de 1997 y que rige desde los comicios del año siguiente.

Aunque las tres cuartas partes de ese financiamiento se quedará en manos de los tres partidos tradicionales, se ha estimado que los partidos emergentes o minoritarios recibirán por lo menos 4 millones de pesos, lo que les pemitiría alguna promoción, y en algunos casos, hasta “ahorros”.

Es notable que la actual JCE fue más liberal que las anteriores recientes en el reconocimiento de nuevos partidos políticos. Esta vez debutan por lo menos cuatro y participa por separado otro que se había abstenido en el 2000.

Para algunos de estos invertir un dinero que no sale de sus bolsillos, es algo mejor que nada, aunque no tengan ni remotas posibilidades de ganar. De cualquier forma sueñan con una nueva oportunidad en el futuro, para lo cual “hay que ir cultivando el huerto de los electores”. Otros se aferran al sueño del milagro político y no faltan quienes se contenten con que en sus currículos personales aparezca el dato de que fueron candidatos presidenciales.