Las opciones del PPH Virtual

HAMLET HERMANN
Suicidio es el acto de quitarse voluntariamente la vida. Con una acción de esta naturaleza se pone fin a un estado bajo el cual no se quiere continuar existiendo. Sin embargo, existe una situación parecida que es el para-suicidio. Es aquella en la que, aparentemente, se busca acabar con la vida propia pero no se llega hasta la culminación del hecho. Es como si no se hubiera planeado con suficiente detenimiento o diseñada de manera que ofreciera la oportunidad para que alguien interrumpa la acción. En otras palabras, los para-suicidas amagan pero no dan. Intentan, aparentemente, acabar con su existencia pero por alguna razón no logran alcanzarlo y así alcanzan el objetivo real buscado.

Este método es habitualmente usado por las personas con trastornos fronterizos de la personalidad mediante el cual buscan llamar la atención y manipular a los demás para lograr que las cosas se hagan como ellos realmente desean.

Estos conceptos sobre los para-suicidas vienen a la mente ante las maniobras que se realizan dentro de uno de los grupos que componen el Partido Revolucionario Dominicano. El mentado Proyecto Presidencial Hipólito, comúnmente llamado PPH, de hecho ya no puede funcionar legalmente y ha pasado a ser un ente virtual. Es más bien la inercia la que quiere hacer creer que existe. No obstante, para el pueblo simple, las siglas PPH sobreviven como ejemplo de perversidad, de corrupción y de incompetencia. Ante esa situación, sus seguidores han tenido dos opciones. Unos se esconden y no dan la cara públicamente para defender los “principios” que sostenían antes gracias al poder económico del erario. Otros, tratan de inventar nuevas teorías para sobrevivir como perredeísta y se vuelven un tollo tratando de explicar lo inexplicable. Ejemplos sobran para uno y otro caso.

Pues bien, algunos sobrevivientes del PPH están simulando remordimiento para entonces fingir que vuelven a practicar los verdaderos principios del PRD. Pero lo hacen de una manera descuidada, como si buscaran que los interrumpieran en medio de ese proceso de manera que el Partido les salvara las riquezas que alcanzaron desde el gobierno. Y entonces uno se pregunta si existen algunas circunstancias en las cuales no se deba realizar esfuerzo alguno para evitar que un para-suicida se quite la vida. ¿Existe en realidad alguna forma de remordimiento por el daño causado al país y el propio Partido o fingen para volver a hacer más de lo mismo?

Evidentemente han sido la soledad y la desesperanza los factores que han llevado a los sobrevivientes del PPH a presentarse como dispuestos a volver al PRD. Pero el problema reside en que no han dejado de ser arrogantes como se mostraron mientras fueron gobierno. Tampoco han dejado de ser ignorantes porque han puesto de lado para sus intentos la sabiduría natural del pueblo. Asimismo no han dejado de ser incompetentes para alcanzar por las buenas algún propósito político sano. Sólo hay que echar una ojeada a las bravuconadas de Vicente Sánchez Baret en las reuniones que un sector del PRD realizó en estos días. Son tan torpes que siguen creyéndose el ombligo del mundo. Torpes porque no tienen ideología, ni organización, ni credibilidad para avanzar políticamente. Y cuando ven que realmente van a perder la vida política renuncian y salen huyendo a esconderse hasta que les llegue el turno de enfrentar a la justicia.

O es que quisiéramos ver más torpeza que la de Pedro Franco Badía incriminando explícitamente al ex Presidente Hipólito Mejía en el mega fraude del Plan Renove. Habrase visto más estupidez en una sola persona que, tratando de salvarse de las rejas, se aprisiona él mismo sin que nadie tenga que ayudarlo. Admitir que repartió gratuitamente centenares de vehículos cumpliendo órdenes presidenciales como forma de no ser sustituido en el puesto público es una confesión que no necesita aditamentos para encarcelarlos inmediatamente, tanto a Franco Badía como a Hipólito Mejía. Viniendo esa confesión de un Doctor en Derecho, no necesita más que un par de policías para llevarlo directamente a Najayo.

¡Cuántas cosas hace la soledad y la desesperanza al darse ellos cuenta de que la impunidad ya no es un privilegio que les corresponde! No está demás recordar que en algunas culturas orientales el suicidio es una acción honorable, quizás la única aceptable para una persona en desgracia. Pero sería mucho pedir a los del PPH virtual que acepten el suicidio político como una opción, porque sin el PRD la cárcel sería su único habitat natural.