Las raíces de nuestros males ¡Téngase miedo, Leonel Fernández! (Un diálogo ficticio)

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DC: Dr. Hernández, le he tomado en préstamo la mitad del título de este artículo para ilustrar hasta dónde puede conducir a un gobernante la máxima concentración de todos los poderes de un país y lo peligrosa que resulta tal concentración, pues, aunque el poder sea expansivo e ilimitado, los grandes poderes fácticos recelan y temen siempre cualquier tipo de avasallamiento que ponga en peligro su vida y sus intereses.

Dr. JRH: Señalé tal peligro. Nunca me hicieron caso, pero usted sabe en qué terminaron Rodríguez Echavarría, Bosch, el Triunvirato y Unachosín.

DC: De sobra. Pero el Dr. Marañón al estudiar el ciclo del poder personal en su libro “El conde-duque de Olivares. La pasión de mandar”, no establece diferencia alguna entre dictador, tirano o valido.

Dr. JRH: Cierto. Fíjese que el sujeto gramatical es “todo gobernante absoluto”. Luego aclara que tal especie puede ser dictador, tirano o valido. La advertencia del título de su artículo no está dirigida a ningún dictador, tirano o valido. Está dirigida a un gobernante absoluto.

DC: En efecto,  Balaguer, elegido mediante procedimientos cuestionados en sus tres primeros mandatos, y Leonel Fernández, se dedicaron en cuerpo y alma a construir un poder absoluto amparados en la corrupción generalizada  como una forma de continuar indefinidamente en el poder. Incluso ausente del poder durante dos períodos consecutivos, Balaguer siguió gravitando, al controlar el Senado, y por ende la justicia en el primer período, mientras que Fernández lo ha estado en dos ocasiones, pero con intermitencia, y sin embargo cuando ambos volvieron al poder pareció como si fueran Trujillo redivivos que estaban de vacaciones y regresaron a tomar lo que era suyo.

Dr. JRH: Eso sucedió así porque ni Balaguer ni Fernández habían completado las tres fases que, sin excepción, debe agotar todo gobernante absoluto. En nuestro caso, esas tres fases están unidas a un apoyo masivo de un amplio sector de la sociedad sin el cual es imposible construir un poder absoluto. En el caso de Balaguer, la clase media y el campesinado, excluidos durante la dictadura de Trujillo del disfrute del poder que otorga un sistema social fundado en el clientelismo y el patrimonialismo.

En el caso de los dos gobiernos del PRD, subió un amplio sector de clase media urbana que estuvo excluido de ese mismo disfrute durante la Era de Trujillo y los doce años de Balaguer, cuyo impulso fue frustrado por el golpe de Estado en contra de Bosch.

En el caso del PLD, subió al poder otro amplio espectro de la clase media urbana profesional  y provincial que no había disfrutado nunca de las mieles del poder y, aunque estuvo fuera del gobierno durante el mandato de Hipólito Mejía, de 2000 a 2004, la voluntad ferviente de ese sector de continuar en el poder le permitió a Fernández, dotado de las características definidas por el Dr. Marañón para este tipo de gobernante, iniciar la segunda fase de la construcción del ciclo de su poder personal.

DC: Claro, en la primera etapa  –del 1996 al 2000– Fernández, como nuevo jefe, “carece aún de fuerza propia y organizada, pero se la da el pueblo, que acoge siempre toda novedad política con alegría y esperanza”, y sobre todo, en el caso del dictador, cuya característica es la capacidad de sugestión, el magnetismo de su gesto; sin lo cual no hay dictador posible. Fernández no es un dictador, pero  heredó, del aliado número uno, es decir, de Balaguer y su equipo, la inmensa capacidad de acumular riquezas, de generalizar la corrupción y de construirse, a partir de 2004 hasta 2012, el mecanismo de control de los poderes públicos. A esto le ayudó enormemente la incapacidad de la oposición, carente de discurso nuevo, de propuestas anticlientelistas y antipatrimonialistas, es decir, de un PRD que siempre se caracterizó por la falta de estrategia, por el emocionalismo, los acuerdos de aposentos  y una gran propensión al disparate político.

Dr. JRH: Observe que al no ser Fernández un dictador o tirano, la construcción de su poder absoluto, en gran parte herencia de lo construido por Balaguer, los tecnócratas y la burocracia reformista socialcristiana, él ha debido ceñirse, de mala gana, pues siempre ha intentado quedarse consecutivamente en el mando, a los dictados de la alternabilidad en el poder, según los cánones de la democracia representativa y su poder de demostración, que son las elecciones. En esto nos apartamos un poco de la teoría del Dr. Marañón.

DC: Pero observe que la construcción del poder absoluto por parte de Fernández es similar, con matices, a la de Balaguer. En su primer mandato, ninguno controló totalmente el Poder Legislativo, tampoco el poder municipal. Pero en el segundo y tercer mandatos, Balaguer tenía un control tan absoluto del poder que la oposición se retiró y no participó en las elecciones de 1970 y 1974. Fernández recibió como traspaso todo el poder de Balaguer y se dedicó a sustituir una burocracia vieja por la suya, pues encontró en 1996 un país pacificado por Balaguer. La pacificación es una de las características de la tercera fase del ciclo del poder personal.

Dr. JRH: Observe que de 2004 a 2012 Fernández se consagró en cuerpo y alma a construir su poder absoluto. Controló las cámaras legislativas aplicando la misma receta que usó el ex presidente Mejía para reformar la Constitución y tener una mayoría abrumadora en el Senado y relativa en la Cámara de Diputados, pero con todo ese poder no hizo absolutamente nada a favor de la clase media y los pobres. En su  tercer mandato, Fernández controló el Consejo de la Magistratura y a  su través la Suprema Corte de Justicia, el Tribunal Constitucional y  el Tribunal Superior Electoral. Pero controla también la Junta Central Electoral, la Liga Municipal Dominicana, los  jueces y los fiscales, el principal partido de oposición y  los partiditos aliados al gobierno a través del presupuesto “nacional” y para cerrar con broche de oro controla el comité político y el comité central de su propio partido. Y, además, luego de una larga espera, controla la Defensoría del Pueblo, donde colocó en ese cargo a la reformista Zoila Martínez.

DC: No diga nada del control de la burocracia pública y de las fuerzas armadas y policiales, sino también del control indirecto que ejerce en el empresariado cuya conducta fluctúa siempre entre el miedo a los inspectores de Impuestos Internos,  la exposición pública de sus actos de corrupción a través de las aduanas o de privilegios contractuales con el Estado, aunque el CONEP trató de sacudírsele a Fernández cuando mostró su apetencia desmedida de continuar en el mando en 2012. Tampoco hable del apoyo de la totalidad de la cúpula eclesiástica altamente satisfecha de que el joven triunfador haya constitucionalizado la prohibición del aborto; su dominio de la prensa en general; de los programas de panel que dependen de los anuncios oficiales; de los ágiles sensores que detectan en las imprentas las publicaciones contrarias al joven dominador, de los propietarios de los sindicatos de transporte y de una parte importante de miembros de las redes sociales que repiten las bondades del amo absoluto del poder. (Continuará).