Las torres de la Anacaona:
un símbolo de lujo y confort

LEONORA RAMÍREZ S.
l.ramírez@hoy.com.do
La avenida Anacaona es una zona amurallada por más de 30 torres y alrededor de 40 edificios de menos de seis pisos que se imponen a lo largo  de siete kilómetros.

El  trayecto  es casi un espejismo, si se compara con otras zonas de Santo Domingo donde lo elemental para vivir es un cuartucho en la ribera de algún río.

El lujo y el confort caracterizan a estas edificaciones que, de tanta seguridad, rejas y portones que miran al cielo, parecen ciudades feudales.

Fisgonear entre estas torres que casi chocan entre sí es imposible, porque los vigilantes advierten a cualquier intruso.

Pero un rastreo sobre los gustos de quienes las habitan se puede hacer con  sólo una mirada hacia las que están en construcción.

La dolce vita. La Torre Juan Antonio XIV, una mole con 24 apartamentos de 500 metros y dos pent-house de 835 metros, representa un sueño.

Es de las que ofrece  área social, piscina con jacuzzi y solarium.

El diseño también incluye   área de gimnasio con salón de masaje, salón multiuso con baños, zona para choferes con baño, y un sistema de tratamiento de agua potable.

Otra edificación en construcción, cuyo nombre no es visible, tiene entre sus facilidades vestíbulo privado (lobby), con sala de espera y “counter”, amplia terraza, dos áreas de snack-bar, gimnasio, jacuzzi y piscina.

El Mirador Sur.   Esas edificaciones están situadas en una de las zonas más caras  de Santo Domingo.

Les queda de frente el Parque Mirador Sur, un pulmón lleno de aire puro en el que se esparce el humo de las plantas eléctricas instaladas en las torres para que, a sus habitantes, no les moleste la crisis energética.

En la mayoría de esos edificios la boca de las chimeneas sale hacia la referida área verde,  que tiene  750,000 metros cuadrados.

 En la década de 1970, cuando se diseñó, el metro cuadrado tenía un valor de siete pesos; pero 38 años después la misma porción de terreno tiene un costo estimado en US$1,000 o más.

Tragadas por la modernidad.    Parecen absorbidos por esas moles los edificios de tres, cuatro y seis pisos que, antes del “boom” de las torres, eran las construcciones que caracterizaban la avenida Anacaona.

Ahora son  minúsculas estancias si se miran desde la perspectiva de una torre de 40 pisos, que hasta el momento es la más alta que se construye en el  lugar.

Una zona para vehículos.   Como área exclusiva, chic y cara, en la Anacaona –a cuya espalda están los sectores Los Cacicazgos y Bella Vista, Renacimiento y Mirador Sur-, los automóviles de lujo sirven también de parámetro para medir  el estatus de los residentes.

Pero el arquitecto Rafael Tomás Hernández, quien participó en el diseño urbanístico del área en la década de 1970, considera que el flujo de vehículos que entra y sale  de esas edificaciones ha distorsionado un poco el concepto original: priorizar a los transeúntes.

Criterios de construcción.  Con relación a los criterios técnicos que se aplican en las construcciones en sentido general, Hernández planteó que la secretaría de Obras Públicas tiene normas muy estrictas.

Sin embargo, consideró que se han sobrepasado algunos parámetros, sobre todo cuando se trata de torres  de hasta 40 niveles en el área del Mirador Sur.

“Yo me he encontrado con sitios ahí que tienen furnias, y de pronto tú taladras y puedes encontrar agua salada” porque todo ese farallón fue agua alguna vez, pero a mí no me toca alarmar sobre eso.

“Como arquitecto, y con la experiencia que tengo, mi idea máxima de altura era de ocho a 12 pisos, pensando en términos de uso de energía y densidad de vehículos”.

¿Conservadurismo?

En 1966, cuando empezaron  a edificarse los edificios de 4 y 5 niveles, estos  eran considerados    altos.

 La  tradición imponía edificios de una a dos plantas, dijo Hernández al destacar que hablar de ocho o diez pisos hace 30 años “era una cosa del otro mundo”.

Fiebre por torres

Para el arquitecto Hernández, la construcción de torres en la avenida Anacaona es como una fiebre, que se inició variándose  los parámetros originales del desarrollo urbanístico planteado en la década de 1970. Impensable en esos años levantar una torre de 40 pisos,  como una de las que  se construye en la zona.

 La idea original

Las primeras intervenciones en el área  tenían el objetivo de cambiar el modelo de casas modestas que costaban entre RD$9,000 y RD$20,000, “para darle al parque una dimensión de mayor envergadura”.

El proyecto en la década 1970

Cuando se construyó el Parque Mirador Sur (Paseo de los Indios), en 1972, la avenida Anacaona era el límite de unos barrios cuyas casas –construidas por el gobierno del ex presidente Joaquín Balaguer-  las rifaba la Lotería Nacional o se las asignaban a maestros u otros empleados públicos, según el arquitecto Hernández.

En la zona de El  Embajador

Desde la Rómulo Betancourt hacia abajo había una serie de edificios que los construía el gobierno. Al llegar a la Anacaona las autoridades tuvieron dos iniciativas, con cinco residencias que se les facilitarían para la venta a las embajadas. Hernández no sabe bajo cuál mecanismo algunos de esos solares pasaron a manos privadas.

Los alcances del plan

Junto a ese proyecto se realizó un concurso para hacer unas edificaciones alrededor del hotel El Embajador, donde había un  campo de polo. Ahí se levantaron  apartamentos de tres  y diez pisos.