Latinos: la minoría silente

En las elecciones presidenciales de Estados Unidos 2008, los latinos constituyeron la minoría silente. Varios factores contribuyeron a disminuir la importancia de los latinos en la discusión pública: el hecho histórico de que el candidato presidencial del Partido Demócrata fuera un afroamericano, la incertidumbre de cómo votarían los latinos, y su vinculación con el controversial tema de la migración que los candidatos quisieron obviar.

Pero a pesar de su ausencia en el debate público, el peso poblacional de los latinos es significativo. Representan alrededor del 15% de la población norteamericana y constituyen la minoría étnica más grande del país.

En términos de participación electoral es, sin embargo, una minoría real. Representan alrededor de 9% del electorado elegible para votar, y sólo vota alrededor de 7%, aunque el peso en algunos estados claves de contienda, como Nuevo México, Florida y Nevada sea significativo.

Por otro lado, es el grupo étnico de mayor crecimiento poblacional. Datos del Centro Hispano Pew indican que en la primera década de este siglo, el crecimiento de la población latina representó 50% del aumento total de la población norteamericana.

A diferencia del pasado, el crecimiento reciente se debe más al aumento de los nacidos en Estados Unidos que a los inmigrantes de América Latina, lo cual es positivo en términos electorales, porque será una población con ciudadanía que estará en capacidad de votar.

Otro cambio demográfico reciente es los latinos, aunque todavía se concentran en el oeste y nordeste del país, se han ubicado también en otras regiones.

Para fines electorales, la dispersión poblacional retarda en el corto plazo la capacidad de tener impacto en los comicios, pero en el largo plazo, esto significa que la población latina jugará un papel importante no sólo en algunos estados, sino en todo el país.

Históricamente, los latinos en Estados Unidos se han identificado más con el Partido Demócrata que con el Republicano. Pero a principios de esta década, la proporción del voto latino que benefició a George W. Bush fue significativa.

En su reelección de 2004, Bush obtuvo 44% del voto latino, el mayor apoyo registrado por este grupo a un candidato presidencial republicano.

Con dificultad para concitar el apoyo de los votantes negros, los estrategas republicanos elaboraron a principios de esta década el argumento de que el Partido Republicano podría asegurar una mayoría electoral duradera si combinaba el apoyo de la población blanca y latina.

Sin embargo, las dificultades económicas desde 2006, y las posturas anti-migratorias de muchos legisladores republicanos desde 2005, provocaron una caída sustancial del apoyo latino por el Partido Republicano en el 2008.

Según los datos de encuestas, 67% de los latinos votó por Barack Obama y sólo 31% por John McCain. Es decir, los republicanos perdieron 13% del apoyo latino en 2008 con respecto a 2004.

Por eso los demócratas ganaron en estados claves como Florida, Nevada y Nuevo México, donde Bush triunfó en el 2004. En el caso de la Florida, Obama ganó con 57% del voto latino, mientras en el 2004 Bush obtuvo 56% de ese voto y ganó las elecciones.

En Nevada y Nuevo México, el Partido Demócrata también perdió en el 2004, pero ganó en el 2008 con un aumento del voto latino de 18 y 13% respectivamente.

Aunque la política norteamericana sigue polarizada entre blancos y negros, el peso electoral latino crecerá sustancialmente en las próximas décadas. Hacia donde se incline ese voto tendrá un fuerte impacto en los resultados electorales.

En el mapa socio-político norteamericano, la distribución del apoyo electoral en el 2008 ubica a los latinos con una clara preferencia demócrata. Por ese partido votó 95% de los negros, 67% de los latinos y 43% de los blancos. Obama debe en gran parte su triunfo al apoyo de las minorías étnico-raciales.