Laura Faxas – La Casa de la UNESCO: la inauguración de lo inaugurado

En mi calidad de ex embajadora de la República Dominicana ante la UNESCO me permito intervenir en el debate abierto a propósito de La Casa de la UNESCO en el país. En primer lugar, quisiera hacer pública mi sorpresa e indignación al leer en la prensa nacional las noticias que dan cuenta de la inauguración, en presencia del actual Director General de la UNESCO Koichiro Matsuura y del Presidente de la República Don Hipólito Mejía, de la ya inaugurada Casa de la UNESCO.

Bautizada el 15 de diciembre de 1998 como Casa de la UNESCO, esa joya del patrimonio arquitectónico nacional, que en su historia reciente no ha conocido otro nombre que ese: Casa de la UNESCO, localizada en la Calle General Gregorio Luperon 105, fue restaurada completamente y equipada por cuenta del gobierno dominicano presidido por el el Dr. Leonel Fernández e inaugurada en presencia del precedente Director General de la UNESCO, Don Federico Mayor Zaragoza, quien vino al país para la ocasión.

Desde sus inicios la Casa de la UNESCO fue concebida por las autoridades nacionales y de la UNESCO, como un espacio educativo y cultural abierto, donde podían manifestarse la diversidad de expresiones ligadas a las áreas de competencia de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (educación, ciencia, cultura y comunicación).

En ese espíritu, desde 1998, la Casa de la UNESCO albergó las oficinas de la Comisión Nacional de la UNESCO. Dio acogida a un programa de rehabilitación arquitectónica del casco colonial de la ciudad de Santo Domingo y fue el escenario de exposiciones pictóricas, conciertos, reuniones de las escuelas asociadas a la UNESCO, seminarios y encuentros culturales de diversa naturaleza. Solomon Hailu primer representante residente de la UNESCO en el país y primer director de la Casa de la UNESCO, fallecido el pasado año, dio mucho de si para hacer realidad ese sueño de la Casa de la UNESCO y nos ofreció un apoyo inestimable en el proceso de gestación, participativo como lo queríamos, para dar paso a la conformación desde el Consejo Presidencial de Cultura, a una Secretaría de Estado de Cultura, como la que hoy tenemos los dominicanos.

Tal y como constaba en la misteriosamente desaparecida tarja de bronce que adornaba la Casa, así como también en la placa de madera terciada colocada en el lugar de la de bronce que fue sustraída, según hace constar Odalis Pérez en su condición de Secretario general de la Comisión Nacional de la UNESCO (“Roban placa distingue casa UNESCO”, Hoy, 8 de enero del 2004), en ambas se hacia claramente referencia a la Casa de la UNESCO. Esto lo confirma además toda la memoria periodística y fotográfica que da cuenta de la regia inauguración de la Casa de la UNESCO y de las actividades celebradas en la misma desde hace 5 años y 3 meses.

En ese marco, ¿qué sentido tiene inaugurar la casa, “donde funcionara la delegación local” de la UNESCO es decir la Comisión Nacional (“Director General de la UNESCO visitara Republica Dominicana”, Hoy, 6 de marzo del 2004), cuando esa delegación local funciona en esa Casa de la UNESCO, sito General Gregorio Luperon 105 Zona Colonial, desde hace años?. El único cambio visible parecería ser la descripción del puesto del Secretario General de la Comisión Nacional, Odalis Pérez, quien añade a sus funciones la de director de la Casa de la UNESCO, sin que se explique bien que implica esa nueva función en concreto y si hay algún proyecto detrás (“Los colores de los congos, para recibir a Matsuura”, El Caribe Suplemento cultural, 6 de marzo de 2004).

No queremos entrar en una discusión sofista y gramatical sobre si fue a la inauguración de la Casa de la UNESCO, de la Casa de la UNESCO del mundo (cuyo significado me escapa) como lo señalan los periódicos donde apareció la noticia, al igual que la carta enviada al periódico Hoy por nuestra Embajadora en la UNESCO (“Embajadora dice ahora hay Casa UNESCO”, Hoy, 24 de marzo 2004″), o si fue a la apertura de la Casa de UNESCO, quitando el articulo la, como lo señala Tony Raful (“Reapareció Carlos Dore, Albricias”, Listín Diario 23 de marzo 2004) a lo que el “príncipe Matssura”, asi llamado por nuestro Secretario de Cultura (“El príncipe Matssura nos visita”, Listín Diario, 16 marzo 2004), asistió durante su reciente visita al país.

Ese es un seudo debate, que favorece el desliz para abordar los dos temas que desde nuestro punto de vista son centrales y que aparecen, entre líneas o de manera marginal en las diferentes contribuciones (ver artículos ya citados de los periódicos Hoy del 6 y 24 de marzo 2004 y del Listín Diario de los días 16 y 23 del mismo mes). Se trata de un lado, de las condiciones y justificaciones oficiales sobre el cierre de la Oficina nacional de la UNESCO en la Republica Dominicana en diciembre del 2003 y del “nuevo” tipo de presencia que tendría la UNESCO en el país, y por el otro, de las concepciones en juego sobre memoria e historia, ética y política que ha puesto de manifiesto el debate. No conozco los detalles de las explicaciones dadas a la opinión pública sobre el cierre de la representación de la UNESCO en el país, pero lo que se desprende de este debate es que el afan de presentar como un triunfo las condiciones del cierre de la UNESCO nacional yo hubiese preferido que Matsuura nos hubiese dado el mismo trato que a Haiti que, según tengo entendido, aun mantiene su Oficina , llevó a nuestras autoridades de cultura a hacer ese montaje de poner en escena la inauguración de lo ya inaugurado, a tratar de tergiversar la memoria histórica, a crear confución y a sembrar la nebulosa sobre el “nuevo” tipo de presencia de la UNESCO en el país. Sobre ese proyecto UNESCO no conocemos practicamente nada en relación a su contenido programático, sus fuentes de financiamiento, las formas de articulación entre las diferentes areas de competencia de la UNESCO y las relaciones con la sociedad civil. Eso se les olvido presentarlo.

Esta actitud y las acusaciones sin fundamento que ha generado este debate, no son un malentendido, no es falta de conocimiento de nuestra parte, esto tiene otro nombre, se llama falta de ética y viniendo del intelectual, que respetamos y que en julio pasado nos dió una interesante lección sobre la moral autónoma de Kant (“Acotaciones a Kant”, Listín Diario, 1 de julio 2003) no deja de sorprendernos.