Lección de Nancy Pelosi

UBI RIVAS
Nancy Pelosi, que preside la Cámara de Representantes (diputados) de los Estados Unidos, visitó Damasco y se entrevistó con el presidente sirio Bachar El Assad, el 3 del presente mes de abril, y lo propio hizo esa fecha con el presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmud Abbas, en Ramala.

De inmediato, el presidente George Bush jr. se destapó con una de sus concepciones-declaraciones que ni a él propio le convencen, censurando la laudable actitud, valiente y espontánea, por demás, de la líder demócrata de los diputados norteamericanos, que domina ambos hemiciclos.

“Muchas personas han acudido a ver al presidente Assad y a pesar de ello no vimos acción, no ha respondido. El enviar delegaciones no funciona. Ha sido contraproducente. Assad no ha contenido a los elementos violentos de Hamas y Jezbolá como le solicitó la comunidad internacional y ha actuado para desestabilizar al gobierno democráticamente elegido de Líbano”, puntualizó el gobernante.

Empecemos, yendo por partes, Bush jr. no ha esbozado la menor posibilidad de un conversatorio, fuese en la Oficina Oval, ó en Damasco, con el presidente Assad y simplemente ha preferido que el tiempo discurra y Assad se agote, algo que no ha acontecido, es decir, que no ha existido una ofensiva de paz para quebrar el hielo del distanciamiento, y Bush jr. se empecina en identificar a Siria como uno de los “ejes del mal”, junto a Teherán y Pyongnyang.

Si el presidente El Assad no ha contenido a los elementos violentos de Hamás y Jezbolá, tampoco Bush jr. ha hecho lo condigno en su contraparte del Estado de Israel para instarlo abandonar su ejército de Cisjordania y la Franja de Gaza y eliminar las ilegales colonias judías erigidas allí, en violación a los acuerdos de Oslo de 1993 refrendados en Wye River de ese mismo año por el presidente Bill Clinton.

¿O lo ha hecho?

Cisjordania y la Franja de Gaza son los territorios acordados en esas citas como la crisálida del futuro Estado Palestino, esencial para el sostenimiento de una paz permanente y robusta en el Cercano Oriente, y Bush jr. lo sabe, pero también entiende que el tiempo es su mejor aliado para que las circunstancias del adversario se deterioren y entonces imponer su criterio.

Idéntico a como ha planeado en tanto Iraq como en Afganistán, y el método, en ninguno de los escenarios, es obvio que no ha funcionado, sino que las circunstancias han sido harto negativas para Bush jr. porque hay un evidente desgaste del planeamiento estadounidense en ambos conflictos, innecesarios, injustificables, sin elementos probatorios que justifiquen su acción.

Acusó a El Assad de irrespetar la democracia libanesa, es decir, vió la paja en el ojo ajeno, pero obvió la viga en el suyo haciendo lo propio que El Assad con el presidente venezolano Hugo Chávez, con idénticas referencias o acta de nacimientos constitucional que su homólogo libanés.

El Senado norteamericano dispuso el retiro de las tropas norteamericanas de Iraq en un plazo hasta marzo de 2008, pero no obligatorio, mientras los diputados consignaron la obligatoriedad. Bush jr. puede vetar la disposición de los diputados y devolverla, y los diputados remitirla de nuevo y entonces el presidente está constreñido a promulgarla y acatarla como ley.

El presidente Bush jr. ha pretendido, y en cierta manera lo ha logrado, conducir de una manera unipolar a su país, sin el concurso o consenso de sus organismos estructurales del poder, es decir el Congreso, representado por sus dos hemiciclos, que se presume, es la representación y el sentir de sus paisanos.

Es lo que definió el recién fallecido tratadista Arthur Schlesinger como “la presidencia imperial”, a la usanza de los dos Roosevelt, Woodrow Wilson, Lyndon Johnson y Richard Nixon, el siglo pasado, y James Polk en el antepasado.