Lecciones aprendidas de un lamentable naufragio

En estos días acaba de suceder un lamentable naufragio en que perdieron la vida cuatro jóvenes: un matrimonio, el cuñado del esposo de nacionalidad española y un amigo norteamericano.

La mañana del jueves siete del corriente, amaneció como típico del invierno nuestro. Soplaba viento del norte que plancha el mar Caribe cercano a sus costas, pero que los pescadores con experiencia no salen esos días, ya que el mismo mar a unas cuantas millas lejanas, se torna bravísimo, con corrientes cambiantes. El cielo despejado, azul brillante con escasas nubes y la temperatura ambiente en unos 27 grados centígrados. El grupo decide salir a la mar a la pesca del curricán. 

A eso de las cuatro y media de la tarde, en la marina donde partió la embarcación, se recibe una llamada donde decía uno de los navegantes que la lancha estaba haciendo agua y nada más.

Ante esa llamada y en vista que no hubo más comunicación, se activan los mecanismos de emergencia y poco tiempo después, Marina de Guerra, Defensa Civil, Fuerza Aérea Dominicana, amigos y relacionados con lanchas, avionetas y helicópteros se ponen a la orden para iniciar la búsqueda de rescate.

El día siguiente, viernes, continuaban la misma condición atmosférica, con viento moderado del norte y por lo tanto corrientes del mar hacia el sur-sudeste. Continúa la búsqueda alrededor de donde se creía estaban navegando con resultados negativos hasta la tarde, donde una embarcación recoge la neverita de la lancha a unas 30 millas náuticas frente al hipódromo.

El sábado amanece con la brisa cambiada  y comienza a soplar un viento suave del sur-sudeste, las corrientes cambian y van en dirección al oeste entre 270° y 280°. El mar, lejano a la costa, a diferencia de los dos días anteriores está calmado con una visibilidad excelente donde se podía divisar medio vaso de foam a media milla de distancia. Las embarcaciones de mar y tierra continúan el rastreo con planes preestablecidos pero toda la búsqueda resulta infructuosa. Al caer la tarde nos sentimos muy decepcionados porque sabíamos que en la medida que el tiempo transcurría la hipotermia se apoderaría de los cuerpos en el agua y la vida de ellos peligraba.

Realmente no sé qué estaban pensando las demás personas que estaban colaborando en el rescate, pero en el caso de mis compañeros de mar, y quien narra esta lamentable historia, nos sentimos muy desesperanzados ya que decíamos entre nosotros que ese día era clave para encontrarlos con vida.

El domingo, el resultado de ese día fue el hallazgo de los cuerpos sin vida de la esposa y el cuñado a unas 15 millas náuticas al sur de la isla de Pinos localizada en el puerto de Andrés, Boca Chica. Tal y como lo habíamos sospechado, la hipotermia se apoderó de ellos.

¿Cuáles son las lecciones que hemos aprendido de este trágico naufragio?  

En primer lugar, toda persona que vaya a navegar, debe examinar muy bien la embarcación antes de partir y corregir cualquier defecto antes si lo hubiere. Además, en el caso de lanchas con motores fuera de borda, no colocar motores más pesados que la capacidad del espejo para evitar la ruptura del mismo, sobretodo en mar abierto.

Por otro lado, antes de zarpar a la mar, hay que conocer las condiciones atmosféricas y el comportamiento del mar.  Tener siempre a mano un GPS para conocer la posición de la embarcación. Reportarla frecuentemente y lo primero que se debe decir en caso de emergencia, es la posición exacta para no perder tiempo en la búsqueda infructuosa en lugares apartados al lugar del accidente ya que el tiempo es la diferencia entre la vida o muerte.

Ha sido una gran pérdida y una triste tragedia la ocurrida; que descansen en paz sus restos.