Lecturas caso David Ortiz

Ubi Rivas.

El lamentable incidente del día nueve del presente mes en que el ex súper astro de MLB, David Ortiz resultó baleado en un lugar de diversión del ensanche Ozama, es propicio para considerar varias lecturas.
Excluyendo el motivo de fondo que impulsó al agresor a balear al Big Papi, lo primero que resalta es el escenario donde se produjo el atentado que podría inutilizarlo para siempre, y también perder la vida, ambas posibilidades que los dominicanos, como una sola persona, rogamos al Altísimo excluir, y que el fornido inicialista de los Red Sox culmine superando los daños que en su anatomía causó el proyectil.
Un superastro de MLB en realidad debió escoger otro lugar de esparcimiento, donde acudía inclusive desprovisto de seguridad, un “bigleaguer” reputado, dueño de una impresionante fortuna que ganó en buena lid por l3 años de campañas en MLB, susceptible de intento de secuestro rápido, como se estila reciente.
Ídolo del Fenway Park, hogar legendario de los Red Sox, que en estos momentos difíciles del Big Papi decidieron estar presentes, ordenando su traslado en un avión ambulancia hasta Boston e ingresándolo en un centro médico de punta, altruista demostración de gratitud hacia el recio jonronero.
La segunda lectura de su tragedia apunta hacia la proliferación de armas de fuego en manos de ciudadanos, más de 600 mil, exento de un estricto control, signado por el simple prurito fiscalista.
Sectores amplios de la sociedad, desde tiempos remotos, exigen un mayor control en las expediciones de licencias para portar armas de fuego, exentas de un riguroso arqueo por un grupo de siquiatras.
Voces provenientes de todos los sectores de la sociedad insisten en reformar la ley de amas, permitiendo solo la tenencia, no el porte.