Legalización de las drogas

Las sociedades de la cultura de las gratificaciones inmediatas, del goce y del placer; las que han apostado de forma crónica al hedonismo y al culto del relativismo ético, se encuentran atrapadas por el narcotráfico, el microtráfico y por el peaje del comercio ilegal.

Los países más ricos consumen la droga de forma permisiva, la vuelven visible en un mercado ilícito pero ventajoso, donde ni los dependientes ni los usuarios representan riesgos para el Estado-Nación. En los más pobres, los de Latinoamérica, reinan el tráfico, el peaje, el abuso recurrente y la dependencia. El negocio ilegal es usado para la sustentación de una economía que se mueve por debajo, junto a la exclusión social, la pobreza, la marginalidad y la desigualdad humana.

Ese microtráfico, junto al negocio ilícito, reproduce el crimen, las armas, la corrupción, el lavado, la extorsión, la cultura del miedo y del terror social. Y más aún, los reproduce en países con debilidad institucional, con anemia judicial, con pobres y precarios programas de prevención, para no decir nulos programas de rehabilitación y de reinserción social de los adictos.

Con esos indicadores, y otros más espantosos, como la disfunción familiar crónica, el ausentismo escolar y la falta de acceso del desarrollo social para los jóvenes, ¿qué pasaría con una despenalización o legalización de las drogas?

Hay que imaginarse el impacto en la salud mental de los adolescentes y jóvenes: pandillerismo, bandolerismo, abandono del proyecto de vida, desvinculación de la familia, y el asumir una vida sin propósito y sin límites sociales; más la ausencia de respuestas inmediatas y futuras. ¡Oh Dios, qué bizantinos somos!

El mundo desigual y las sociedades diferentes no tienen respuestas, les interesa el mercado, el consumo, la cultura del goce, el confort y alcanzar el buen status de forma individual.

Hoy vivimos con pérdida de capacidad de asombro y con el miedo silenciado y olfateado, paralizados por la complicidad.

La despersonalización es una respuesta a la ineficacia y a la ausencia de soluciones equitativas, equilibradas y eficaces al desarrollo social y a los controles reales del mercado ilícito.

Es también la aceptación de la derrota y la aplicación de la cultura del facilismo y las medidas light de una sociedad que vive en la cultura de la prisa y sin propuestas hacia el futuro. ¡Qué pena! Parece que existe un grupo que trabaja bajo el condicionamiento de una posibilidad holandesa, argentina o mexicana, para que de verdad terminemos de rodillas como país y como nación.