Leonel cae preso del mesianismo

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Juan Bolívar Díaz
juanbolivardiaz@gmail.com 
A un mes de las elecciones, convencido de que saldrá ratificado en primera  vuelta por más del 50 por ciento de la ciudadanía, el Presidente Leonel Fernández sorprendió a los observadores al abrir las puertas al restablecimiento de la reelección presidencial sin límites en una próxima reforma constitucional.

 Apoyado por todo el poder del Estado, en una campaña electoral desigual, el doctor Fernández galopa cada vez más como llanero solitario, lejos y muy por encima de los organismos y los dirigentes de su Partido de la Liberación Dominicana, donde quedan inconformidades pero se expresan con sordina y temor.

 Es cada vez más generalizado el temor de que el joven mandatario a quien ya se compara con Jesucristo devenga en un nuevo caudillo mesiánico e infalible que no debe ser cuestionado y llamado a eternizarse en el poder a costa del debilitamiento de la institucionalidad democrática.

Vuelve y vuelve. La primera señal pública de que el doctor Fernández Reyna ya piensa en el 2012 se produjo en la reunión que sostuvo el lunes 31 de marzo con ejecutivos de medios de comunicación. Uno de ellos le planteó que siguiendo la tradición histórica nacional, si ahora logra la reelección, vendría una modificación de la Constitución para eliminar la cláusula que le prohíbe volver a postularse, tras agotar dos períodos consecutivos.

 Respondió con su habitual desenvoltura indicando que tendría derecho al descanso y que lo que preferiría es ser relevado por otro dirigente de su partido, pero a  condición de “que no existan circunstancias especiales que lo ameriten”. Hubo risas “de complicidad” sin que faltara quien le dijera que esas circunstancias podrían ser creadas.

 Esta semana, al comenzar su segunda presentación en la serie del Grupo de Comunicaciones Corripio Las Propuestas de los Candidatos, cuando se le preguntó sobre su pendiente reforma constitucional y la reelección, comenzó por arrinconar la asamblea constituyente, precisando que sería una asamblea revisora por las cámaras legislativas.

 Sobre la reelección primero dijo que “no es un tema de debate porque está en la actual Constitución”, pero de inmediato agregó que “el nunca jamás es la versión hipolitista de la constitución dominicana, con la cual no tenemos que estar necesariamente de acuerdo”. Se refería al artículo 49 el cual establece que El Presidente de la República podrá optar por un segundo y único período constitucional consecutivo, no pudiendo postularse jamás al mismo cargo, ni a la Vicepresidencia”.

Fernández enumeró los diversos planteamientos constitucionales sobre el tema,  comenzando por la reelección sin límites, como en Europa, los dos períodos de Estados Unidos y otros, para concluir en que será sometido al debate y se hará “lo que disponga la mayoría”. Llamó la atención que sostuviera que en la consulta del 2006, no prevaleció la preferencia por la asamblea constituyente, -que ahora él define como “un acto de ruptura histórica”-  aunque fue favorecida por el 68 por ciento de los consultados.

La asamblea constituyente fue aprobada también en el olvidado Diálogo Nacional que el presidente Fernández auspició en su anterior período gubernamental, y fue consignada en el programa de gobierno del PLD para el actual período gubernamental. El acuerdo para la reforma constitucional suscrito por los tres partidos mayoritarios y el presidente Hipólito Mejía en septiembre del 2001, establecía que se haría una puntual reforma de 4 puntos que incluía instituir la Asamblea Constituyente por elección popular para la reforma constitucional de fondo.

Atrás queda el PLD. No hay dudas que el doctor Fernández ha desarrollado un liderazgo de primer orden en la sociedad dominicana y que cada vez más se encamina a ocupar la orfandad dejada por Balaguer, sobre todo en los sectores más conservadores y tradicionales, y en las masas más pobres y manipulables, incorporadas por cientos de miles al asistencialismo gubernamental.

 Para ello ha tenido que distanciarse de los planteamientos ideológicos con los que Bosch fundó y sostuvo el PLD, que al parecer también es presa de la crisis de pensamiento y conceptualización, puesto que cada vez cuenta menos para las decisiones fundamentales del gobierno.

 De hecho prevalece lo que un peledeista pensante denomina la tesis del partido mínimo, cuyos organismos cuentan cada vez menos. Atribuyen a Leonel Fernández una tendencia progresiva a no dar cuenta, a molestarse ante las contradicciones, razones por las cuales son cada vez más esporádicas las reuniones del comité político que hasta comenzar el gobierno eran semanales. Atrás quedaron las rendiciones de cuentas al Comité Central que bajaban hasta los comités de base por los afluentes  intermedios.      

 En círculos peledeistas se atribuye en parte la desgracia a que “Leonel está siendo arropado por grupos reformistas del balaguerismo más pernicioso”. Con sordina hay quienes hablan de salvar el partido de esa influencia, mientras se quejan de que Angel Lockward, Leonardo Matos Berrido, Héctor Rodríguez Pimentel y Vincho Castillo, entre otros, tienen acceso más fácil al presidente que el jefe de campaña electoral del PLD, Francisco Javier García.

 Esto último parece una exageración, pero es indicativo que la institucionalidad partidaria podría estar en juego tanto como la institucionalidad democrática nacional si el presidente Fernández es reelecto con la ventaja que le acredita la mayoría de las encuestas. Se reafirmaría su mesianismo y el convencimiento de que falta mucho tiempo para que deba pasar la antorcha que le encomendaron Balaguer y Bosch.- 

Balaguerismo histórico

La adscripción del presidente Fernández al balaguerismo histórico es parte del mesianismo que lo va impregnando y que se ha incrementado en la medida en que ha ido recogiendo una multitud de dirigentes y cuadros que formaron parte del aparato reeleccionista de Joaquín Balaguer.

 El reconocido periodista y escritor Juan José Ayuso recordó esta semana en su columna de El Nacional un planteamiento del presidente Fernández en su discurso del 27 de febrero del año pasado, tras indicar que en 1996 “dos colosos de la política dominicana, Juan Bosch y Joaquín Balaguer, me hicieron una encomienda y me  pasaron una antorcha para guiar los destinos de la República Dominicana. Hoy mantengo en alto esa antorcha que sirve para proteger el sueño de los dominicanos. Estoy consciente de que también llegará ese momento en que yo tenga que pasar esa antorcha a quien Dios haya escogido como mi sucesor, pero todavía ese momento histórico no ha llegado”.

 Lo planteado en ese discurso no fue poca cosa. Se manifestó heredero de los dos caudillos, uno autocrático y el otro democrático, que más influyeron el pensamiento y la acción política nacional durante más de medio siglo, aunque el que lo hizo desde el poder durante 22 años fue Balaguer. Por eso ha tenido que parecer más balaguerista que boschista y de ahí también que se haya estado nutriendo de importantes cuadros del balaguerismo histórico.

 En esos ámbitos se ve al gobernante como un nuevo Mesías, por lo que uno de los recién llegados, el agrónomo Francisco Aquino García, se estrenó esta semana diciendo que Fernández ha sido para la República Dominicana como el Jesucristo que resucitó a Lázaro.