Leonel y los evangélicos

SAMUEL SANTANA
Permítaseme expresar mi parecer con relación a la cena que recientemente el Presidente de la República, Leonel Fernández Reyna, ofreció a los líderes evangélicos del país.

El doctor Fernández demuestra que tiene una gran voluntad por hacer que el Estado sea administrado de manera justa y eficiente.

Por primera vez en la historia republicana, un estadista se sienta a compartir de manera amena con los hombres y mujeres del púlpito evangélico para, con tanto empeño, manifestarles su admiración, respeto, ponderación y apoyo al trabajo que realizan a lo largo y ancho del país.

A través de la Oficina de Enlace de las Iglesias Evangélicas con el Estado, presidida por el doctor Manuel Estrella, se apreció las inversiones gruesas que el Gobierno hace a favor de la construcción de infraestructuras y ministerios de servicios en este sector.

Aparte de lo que ya se ha concretizado en el trayecto histórico de la Oficina de Enlace, el Gobierno anunció la entrega de 100 millones de pesos más para fomentar el ministerio de la predicación de la Palabra y la labor social en las congregaciones evangélicas.

De esa suma se ha erogado ya 50 millones, y el resto próximamente.

En su alocución a los presentes, Fernández habló de su admiración a los hombres y mujeres de paz que él ha encontrado a lo largo y ancho de sus recorridos políticos por todo el país.

Si bien es cierto que los evangélicos no han tenido ningún tropiezo en la historia dominicana para la realización del trabajo, no menos cierto es que los gobiernos que han pasado nunca se detuvieron a confraternizar de manera tan sincera con sus dirigentes.

Las iglesias hacían el trabajo con un esfuerzo propio muy precario.

El presidente Fernández se sentó por largas horas a escuchar con notable atención e interés tanto los agradecimientos como los reclamos y esbozos de necesidades en las iglesias para la eficientización del trabajo. Estuvo allí no con promesas y argucias.