¿Les digo Algo?

“La libertad de Expresión no vale nada sin la libertad de Pensamiento.” José Luis Sampedro.

La población dominicana decepcionada y angustiada por el desempleo, el alto costo de la comida, la delincuencia, la inseguridad, el escaso valor del trabajo, entre otros factores reductores de calidad de vida, debe exigir de los políticos que participarán en las próximas elecciones, un discurso basado en propuestas reales para revertir esta situación.

En los últimos 40 años la gente ha aprendido mucho viendo cómo las promesas de los candidatos de resolver los problemas que afectan el país, elecciones tras elecciones, han sido las excusas para justificar el engrosamiento de la deuda pública, hoy situada sobre los US$32,296.08 millones tomados prestados a la banca internacional que desde ya pagan y por muchos años tendrán que pagar los más pobres.

Se dice que tropezar hace levantar los pies. El pueblo ha levantado la voz para expresar por diversas vías la demanda de que quienes asuman las riendas del poder cambien “el chucho” de la economía de servicios por otra basada en la producción y la generación de empleo, la sostenibilidad de los recursos naturales, el desarrollo y el crecimiento humano.

Si los políticos quieren ser votados con legitimidad deben cambiar sus discursos tradicionales, vacíos y repetitivos, por planes y programas elaborados después de consultar y escuchar a los votantes de sus demarcaciones. Es que esta democracia que el pueblo dominicano ha conquistado a capa y espada, la gente desea fervientemente que sea efectiva y propicie el ansiado progreso real y desarrollo justo y equitativo.

La recién publicada encuesta auspiciada por este diario evidencia que la población aspira a que termine la corrupción, se garantice la seguridad ciudadana, se universalice la seguridad social y los servicios relacionados, se mejoren las condiciones de higiene pública, la disponibilidad de energía, agua potable y espera propuestas concretas de solución a los problemas más agobiantes del país.

Pero nuestros políticos parecen estar sintonizados a otras galaxias. Su mundo, el de la politiquería, el clientelismo carente de ética. Su ejercicio, huérfano de grandes objetivos, es maquillado por la magia de los hacedores de imágenes.

De manera artificial, las fábricas de percepciones inventan discernimientos y voluntades en la población para que sean luego ponderados por instrumentos de medición que asumen de manera acrítica la verdad creada y constatada como manifestación espontánea y demostración inequívoca de la pertinencia de conductas y políticas. Los resultados objetivos y medibles coliden con lo que se proclama y percibe.

La realidad no importa, es la forma en que la gente, mediada por la propaganda, la desinformación y la manipulación la refleja y la asume, lo que pauta el accionar de partidos, lideres, medios y empresas.

Algo similar se vivió en Bolivia, en Perú, en Ecuador, en Venezuela, en…, paro de contar porque creo que más tarde o más temprano, la realidad, con su terca cara asomará por el horizonte y ya no funcionarán ni el maquillaje ni la manipulación.