¿Les digo Algo?

La libertad de Expresión no vale nada sin la libertad de Pensamiento.

José Luis Sampedro.

Recientemente vivimos una experiencia conmovedora, la cual nos permitió comprobar lo necesitada de amor que está la población dominicana. Basta manifestar a alguien que nos cruza por el lado que le amamos, para que reaccione con una asombrosa expresión de incredulidad.

Esta reacción de los dominicanos ante una manifestación de amor evidencia que nuestra población carece y profesa poco el afecto al estar envueltos en vencer las dificultades de cada día debido a lo mucho que cuesta ubicarse socialmente sin una escala de políticas públicas de acceso al trabajo, la educación, la profesionalización y la competencia gratificante.

Junto al asombro aparece al mismo tiempo el deseo de la persona de hablar de sus carencias de afectos, de sus vacíos existenciales, de los problemas que tiene. Ve en quien le habla con cariño a alguien especial porque le dice que le ama, quiere establecer un lazo de amistad y cercanía, brota de su alma el agradecimiento por la atención que se le ha dado y por el mensaje comunicado.

A nuestra gente le falta amor, comprensión y una mano amiga, el Estado, que le apoye con políticas de generación de empleo, trabajo y oportunidades, es tanto lo que se padece en el tránsito de la niñez hacia la adolescencia, la adultez y la vejez, que hemos olvidado amarnos y dar amor.

Miles de personas transitan por las avenidas sin notar que el niño, la niña o el joven limpiador de cristales de carros es un ser humano quien por esa sola condición debe importarle y moverle siquiera a obsequiarle una sonrisa que le haga sentirse aceptado por los seres con quienes habita el mismo planeta.

Un niño de unos doce años, reaccionó cuando una promotora de un mensaje de amor le dijo: -¿sabes que tú me importas y que te amo?-. Su rostro indiferente se iluminó con una gran sonrisa y le contestó: – ¡Oh a mí nadie me había dicho que me ama!

Con ese sencillo mensaje la vida de ese jovencito limpia vidrios vibró en una nueva dimensión; además se le motivó a que estudiara porque a través del estudio es su oportunidad de convertirse en un triunfador: ¿ustedes creen que yo puedo hacerlo? preguntó emocionado por la perspectiva de ser un estudiante. Para estos jóvenes el Estado, el Gobierno tienen la responsabilidad de, cumpliendo el mandato de la Constitución, crear las condiciones para que puedan estudiar y trabajar.

Creemos firmemente que la medicina para cambiar el mundo es el amor expresado en justicia, trabajo, libertad y democracia para todos los dominicanos y todos los habitantes del mundo.

Todas las rebeldías y todas las luchas, todas las propuestas, toda voluntad de cambio y todo sacrificio debe ser un acto profundo de amor al prójimo, al país, a la humanidad y a la vida.

Los dominicanos vivimos en la misma tierra, comemos y gustamos de los mismos alimentos y frutos, respiramos el mismo aire que todos los seres vivos del planeta, tenemos la misma sangre y los mismos hábitos con sus matices, pero lo más importante es que somos humanos.