¿Les digo algo?

El gobierno, no el pueblo dominicano, sufre la vergüenza de haber apoyado la política opresiva del imperialismo contra América Latina y el Caribe, en momentos que trata de truncar la Revolución Bolivariana de Venezuela y recrudecer nuevamente los ataques contra Cuba, gobiernos que han demostrado estar sustentados en el respaldo patriótico y aguerrido de sus pueblos.
Analistas diplomáticos estiman que el comportamiento genuflexo del gobierno dominicano, ha distanciado al país de las demás naciones que mantienen una actitud de alerta frente al gobierno norteamericano y su política exterior, basada en imponer sus determinaciones a los otros países.
La vergüenza es mayor en los círculos de ciudadanos donde la gente manifiesta su rechazo a la decisión del gobierno considerándola un afrentoso desatino. En la diplomacia local e internacional se critica el servilismo de los funcionarios de la cancillería, muchos de ellos se comportan al margen de los cánones diplomáticos evidenciando su ignorancia en el manejo de asuntos internacionales que demandan rigurosidad en el tratamiento.
Apoyar al autoproclamado presidente Guaidó ha tensado las relaciones armónicas y solidarias que habían sostenido a lo largo de los años Venezuela y la República Dominicana, hoy distanciadas por una decisión que ha sido desaprobada por una mayoría de dominicanos y dominicanas.
El reconocimiento a Guaidó ha colocado las relaciones entre la República Dominicana y Venezuela en un limbo. Se desconoce cómo reaccionará el gobierno del presidente Nicolás Maduro, concentrado en estos momentos en enfrentar los ataques de la derecha y los norteamericanos al sistema energético, saboteado hace sólo unos días.
El país se encuentra en una posición difícil frente a Venezuela que siempre le ha rendido importantes servicios, especialmente en las gestiones del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) cuyo líder, el ex presidente Juan Bosch, no habría aprobado aliarse a los norteamericanos para impedir el proceso de la Revolución Bolivariana.
Al reconocer a Guaidó no se pensó en las implicaciones que podría generar la decisión en el orden económico para el país si Venezuela exigiera al Estado dominicano el saldo de los compromisos contraídos con el suministro de petróleo mediante el acuerdo de San José y otros.
Tampoco se pensó en la responsabilidad de garantizar la protección del embajador venezolano Alí Uzcategui Duque, los miembros de la legación diplomática y sus familias, incluyendo la sede y las instalaciones. Más bien, el vocero de la Presidencia se refirió con cara destemplada a la representación, diciendo que estaba acéfala.
Los norteamericanos y la derecha venezolana gastarán miles de millones en los intentos y atentados para derrocar al presidente Nicolás Maduro y abortar el proceso revolucionario, propósito que no conseguirán porque su permanencia en el poder la sustenta el pueblo bolivariano.