¿Les digo Algo?

La libertad de Expresión no vale nada sin la libertad de Pensamiento.
José Luis Sampedro.

La intolerancia y rechazo hacia los haitianos ha ido aumentando en la sociedad a medida que se aplica el ordenamiento jurídico establecido por las autoridades para controlar el flujo de extranjeros al país.

¿Cómo es que un plan creado para organizar el ingreso de los extranjeros a la República Dominicana una gran parte de la población lo ha percibido como una medida exclusiva contra los haitianos que viven o vienen de paso a esta parte de la isla?

¿Qué ha pasado para que en menos de quince años se haya gestado en la población una intolerancia y animadversión hacia los haitianos que hasta los recuerdos de los años de convivencia armónica casi nadie los recuerda?

La intolerancia exhibida contra los haitianos se ha profundizado a niveles preocupantes y deben las autoridades, las organizaciones humanitarias y de derechos humanos, estudiar las causas que han elevado a tales extremos el rechazo entre dominicanos y haitianos.

En el transcurso de este año se han producido no menos de diez hechos de violencia contra personas haitianas y unos cinco enfrentamientos de vecinos con saldo de algunos muertos y heridos, incluyendo maltrato a mujeres en las comunidades donde se concentran mayormente los inmigrantes.

En la capital hemos visto personas proferir improperios a vendedores de cocos negros, que suponen que son haitianos, cuando van por las calles en los triciclos porque obstruyen el tránsito o reclamarle a los vendedores ambulantes porque les roban a los dominicanos las oportunidades de ganarse la vida.

Estas manifestaciones de intolerancia humana deben cesar y las autoridades tienen la responsabilidad de contribuir a que la población se sosiegue. Apelamos al funcionariado dominicano, porque es a ellos a quienes debemos pedir propiciar campañas dirigidas a promover la paz y los lazos de hermandad entre los habitantes de las dos naciones.

El odio y la confrontación no contribuyen a solucionar los problemas migratorios, el desorden fronterizo, la complicidad de quienes se benefician de la precariedad laboral y la devaluación de la mano de obra, de quienes financian campañas y apoyan con recursos logísticos a los mismos que demonizan y utilizan de estandarte para promover resentimiento y animadversión entre dos pueblos victimados por la corrupción histórica de sus cúpulas y por las imposiciones imperiales.

Las manifestaciones violentas de los últimos días distan muchísimo de la conducta que hizo famoso al país, considerado por quienes nos visitaban como el pueblo de la gente más hospitalaria y buena.
Mantener esa consideración a nivel mundial de gente buena, justa y solidaria nos favorece para que, si lo necesitamos en algún momento, seamos medidos con esos poderosos atributos.