¿Les digo Algo?

No hay justificación a que cada año mueran niños, adolescentes, adultos y ancianos por dengue, enfermedad que debería estar controlada con información continua y campañas educativas para dotar la población de los conocimientos y las instrucciones de cuidados para evitar el mal, transmitido por el mosquito Aedes aegypti.
El nivel de desarrollo y equidad social de cualquier sociedad puede medirse en el grado de vulnerabilidad de su población ante epidemias, fenómenos climáticos y eventos naturales.
La mayoría de quienes mueren por dengue son adultos, ancianos y los hijos de las familias más pobres y las indigentes, que carecen de condiciones orgánicas fuertes para resistir el virus, de asistencia de salud y de los recursos para comprar las medicinas y los alimentos necesarios para curar la enfermedad.
Desde marzo, las madres dieron la voz de alarma de que sus hijos estaban enfermando de fiebre y se quejaban de que en los hospitales los médicos no ingresaban a los niños pese a sus altos niveles febriles y la baja de las plaquetas ya por carencia de espacios, ya por política oficial de Ministerio, ya por dejadez o indolencia.
Algunas de estas madres pobres y muy pobres se lamentaban de que habían muerto sus hijos porque en los hospitales los médicos no les hacían caso y hasta el ministro de Salud Pública y Asistencia Social impartió órdenes para que los gerentes de los hospitales no dieran cifras sobre los estragos ocasionados por la enfermedad, tanto en la población infantil como la adulta.
En un boletín, la Dirección de Epidemiología del Ministerio de Salud informó el registro de 574 nuevos casos de dengue en la semana del 7 al 13 de julio, un incremento del mal respecto a la semana anterior a esa fecha, que se contaron 442 casos nuevos de afectados con la enfermedad transmitida por el mosquito Aedes aegypti.
De las 32 provincias del país, diez están en estado de alerta por dengue, entre ellas las provincias Independencia y Barahona superan los 400 casos por 100.000 habitantes. La mitad de los casos registrados son en la capital, probablemente porque es donde se llevan mejor las estadísticas.
Se ha indicado que el país registra un aumento de casos de dengue del 701% con respecto a 2018, año en el que la incidencia fue baja, apenas10.98 casos por 100,000 habitantes, y solo se registró una víctima mortal.
El dengue aumenta en los meses de verano, que coincide con laépoca más húmeda en el Caribe, cuando el mosquito Aedes aegypti incrementa suaparición, transmitiendo además del dengue, el zika y la chikungunya.
La situación hospitalaria y desalud que se ha presentado en el país con el dengue tiene en zozobra a lasfamilias, especialmente las de sectores pobres, porque, aunque se dice que eldengue no debe matar a nadie, aquí los afectados corren el peligro de morirporque sus condiciones de salud son frágiles y no les permiten resistir la enfermedad,se agravan y mueren porque los protocolos indican que no se ingresen y losadmiten cuando ya están graves.
El dengue, como los aguaceros yla sequía, evidencia que existe una parte importante de la población muyvulnerable que ha sido damnificada por la desigualdad, la pobreza y la falta depolíticas coherentes