¿Les digo algo?

La libertad de Expresión no vale nada sin la libertad de Pensamiento.
José Luis Sampedro

Cavilando sobre el clamor de que sea disuelta la Policía Nacional, recordé la primera rueda de prensa que cubrí siendo estudiante de periodismo y aprendiz del oficio en Radio Cristal, donde Domingo de León, amigo muy querido fallecido a causa de una imprudencia automovilística, me consiguió hacer mi pasantía.

La conferencia de prensa fue convocada por Narciso Isa Conde, secretario general del Partido Comunista Dominicano (PCD) quien estaba acompañado de otros connotados miembros de la organización ya desaparecida, para exigir la desintegración de Policía Nacional.

Isa Conde fundamentaba sus exigencias de que se disolviera el “Cuerpo del Orden” en que esa entidad estaba podrida desde los rangos más altos hasta los para policías y criminales de que se auxiliaba para cometer abusos y atropellos violatorios de los derechos humanos y para extorsionar, robar y atracar.
37 años después el pueblo dominicano ha podido confirmar las acusaciones de Isa Conde que en esa rueda de prensa entregó a los medios de comunicación un documento detallado de numerosos hechos cometidos por miembros de la uniformada que actuaban en completa impunidad amparándose en el poder que tenían.

Hasta el presente hemos visto a Narciso Isa Conde haciendo la misma demanda tras la que ha insistido tanto, que hubo un tiempo que en las redacciones de los medios donde laboré era objeto de los relajos de algunos periodistas; sin embargo, el persistente revolucionario nunca tomó las chanzas como algo personal y seguía insistiendo en denunciar las atrocidades del cuerpo del orden.

Como periodista, esas denuncias me hicieron dudar de los partes policiales y confirmar muchas veces que no decían la verdad. ¿Cómo lo confirmé? Sencillo, un policía que estaba en el cuartel del ensanche Luperón, hermano de un camarógrafo, lo mataron después de haberle informado a sus superiores que el encargado del destacamento tenía una banda de delincuentes que azotaban los alrededores, días después apareció muerto.

En otra ocasión le robaron un motor Saltamonte a una profesora y cuando fue a denunciar el robo, el motor estaba en el parqueo del palacio policial. A la señora le atacaron los nervios y tuvo que salir del recinto sin decir a qué había ido, por temor a represalias.

La lista de los hechos cometidos por agentes policiales de diferentes rangos y estamentos de esa entidad se ha engrosado con los años. Los ciudadanos se asombran ante los frecuentes escándalos de corrupción, crímenes, estafas, atracos, abuso de autoridad y actos reñidos con la ética, la moral y las leyes.
¿Qué debe hacer el Estado con una institución en la que ningún ciudadano o ciudadana confía?
Urge actuar.