¿Les digo algo?

En Venezuela, Brasil, Bolivia, Nicaragua, Cuba, Puerto Rico, Argentina, Chile, El Salvador, Panamá, Guatemala, Perú Ecuador y Haití los habitantes han salido a manifestarse, unos contra la reducción de los niveles de vida a causa de las políticas neoliberales adoptadas por los gobiernos varias décadas atrás siguiendo las recomendaciones de los organismos crediticios internacionales y otros por la injerencia extranjera que pretende imponer dichas políticas.
Estas protestas son causadas por situaciones que confunden, particularmente en el caso de Venezuela, donde se olvida que la mayoría de los venezolanos optó por un estado progresista que los conservadores rechazan y han hecho lo imposible por desmontarlo con la ayuda de los Estados Unidos.
Venezolanos, brasileños, nicas, bolivianos, cubanos, panameños, salvadoreños, ecuatorianos y puertorriqueños tienen años resistiendo las embestidas norteamericanas de usurpación de sus soberanías.
El precio que están pagando esas naciones por resistir las presiones norteamericanas es alto y peligroso. Los líderes de la resistencia en esos pueblos en lucha por su soberanía son acosados y perseguidos por agentes internos y externos que pueden cegarles la vida en cualquier instante.
El jueves pasado Cuba recibió nuevamente la solidaridad de los países del mundo en las Naciones Unidas, donde fue rechazado el bloqueo que le ha impuesto Estados Unidos. Con 187 votos en contra, tres a favor y dos abstenciones los miembros de la ONU demandaron el cese de la arbitraria medida.
Los haitianos retornaron a las protestas callejeras demandando la renuncia del presidente Jovenel Moïse, cuyo gobierno actúa siguiendo los preceptos impuestos por los norteamericanos y los órganos internacionales del neoliberalismo sin producir cambios positivos en las condiciones de vida de la población.
En Chile, Argentina y Ecuador el encarecimiento de los servicios básicos, el auge de la criminalidad, de la corrupción política y el alto costo de la vida, indujo a sus poblaciones a protestar contra los resultados negativos de las políticas económicas que redujeron sus ingresos y los empobrecieron.
Estas manifestaciones evidencian la crisis incubada por las políticas neoliberales en estos países, tornando tétrico el panorama latinoamericano de pueblos que han soportado cerca de cuarenta años las imposiciones del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el BID, entre otros, bajo el argumento de reencausar el desarrollo de la región.
El milagro chileno, paradigma en la promoción de las políticas neoliberales donde se aplicaron los nuevos modelos de gestión económica que debían adoptar todos los gobiernos de la región y que resultaban ser de constricción para los ciudadanos y de liberalización para los ricos y las empresas transnacionales, colapsó bajo el impulso de formidables movilizaciones populares.
América Latina ha sido y es la zona del mundo más codiciada por los imperios europeos y, especialmente, el imperio norteamericano, que ha invadido países o controlado sus élites para despojarlos de su independencia, su soberanía y sus riquezas desde que empezaron a constituirse en naciones y a establecer sus propias formas de gobierno.
En el pasado, como en el presente, los latinoamericanos han resistido las intenciones de los imperios de esclavizarlos, espolear sus culturas, saquear sus metales, sus maderas, sus especias, su flora, su fauna, su petróleo y su biodiversidad.
Cuando despiertan los pueblos renacen la fe y la esperanza en un cambio para avanzar.