¿Les digo algo?

“Sueño con una Bolivia libre de ritos satánicos indígenas, la ciudad no es para los indios, que se vayan al altiplano o al chaco” escribió por la red social tweet el 14 de abril de 2013, la autoproclamada presidenta de Bolivia, Jeanine Añez Chávez, hoy repudiada en toda América Latina y el Caribe por personificar el golpe de estado contra Evo Morales, auspiciado por los grupos de derecha del país y los norteamericanos que intentan estancar el proceso de cambio y desarrollo de esa nación.
La valoración de la señora Añes Chávez sobre sus compatriotas, que nacieron y viven bajo el mismo sol que ella, prima en los sectores de derecha que perciben a las distintas etnias de Venezuela, Brasil, Chile, Argentina, Nicaragua, El Salvador, Perú, Panamá, Guatemala, Ecuador seres desprovistos de dignidad, inteligencia y derechos.
Los grupos originarios del continente han subsistido a pesar del sometimiento y los malos tratos de que han sido víctimas por los descendientes blancos del colonialismo que los han marginado y desconocido en sus derechos humanos, cívicos y políticos, además de utilizarlos como simple mano de obra.
Por ello las bolivianas fueron primeras en salir a protestar contra el golpe de Estado divulgado más por las redes sociales que por los medios formales de comunicación que se empeñan en justificarlo bajo el pretexto del supuesto fraude electoral anunciado por Almagro, uno de los complotados de la trama norteamericana contra el presidente Evo Morales y su pueblo.
¿Dónde está la responsabilidad de la gente enquistada en los organismos creados para salvaguardar la convivencia internacional, como la Organización de las Naciones Unidas (ONU) la Organización de Estados Americanos (OEA), la Corte Interamericana, los tribunales internacionales, la Organización Internacional del Trabajo y las demás entidades que tienen el compromiso de actuar con sentido de justicia y equidad en el empeño de garantizar un orden mundial de paz y de justicia?
No hay manera de que esas entidades superen el dominio de los Estados Unidos y asuman decisiones apegadas a las normas y preceptos internacionales y no ajustados al interés de las élites norteamericanas, sin importarles si son justas o no, si dañan las demás naciones, si violan las legislaciones y dificultan la convivencia en y entre los países.
Si las naciones integradas en esas organizaciones plurinacionales no tienen garantía de que serán tratadas con los criterios establecidos para la sana convivencia y la justicia, que es la obligación de quienes dirigen esos organismos, deben abandonarlas porque de nada sirve permanecer en ellas.
Históricamente, la OEA se ha distinguido por actuar para mantener las injusticias, la supremacía de los Estados Unidos contra los países de la región y para vulnerar la soberanía de los pueblos; Venezuela, Cuba, Bolivia, México, Brasil, Nicaragua, Ecuador, Chile, Puerto Rico, Argentina, El Salvador, Haití y la misma República Dominicana lo han sufrido en carne propia.
Repudiamos el golpe de Estado contra Evo Morales.
Ni Bolivia ni ningún país latinoamericano está solo. ¡carajo!