¿Les digo algo?

Los asesinatos y violaciones a infantes y niñas, los feminicidios, los abusos y la violencia intrafamiliar tienen desesperada a la población que está demandando al Estado políticas públicas urgentes para detener la ola de crímenes que siegan las vidas a tantas mujeres de todas las edades y clases sociales.
Estas muertes se asocian a una infinidad de factores que tienen sus orígenes en la descomposición social y moral de la sociedad cuya mayoría subsiste en condiciones de pobreza extrema, miseria económica, ignorancia, promiscuidad, vagancia y desamparo, entre otras limitantes del desarrollo humano.
El movimiento feminista mundial y local atribuye este tipo de asesinatos a la cultura patriarcal que ha asignado a la mujer un papel de dependencia y sojuzgamiento frente al hombre, considerándola de su propiedad y dominio.
La República Dominicana tiene dos caras: una de gente satisfecha por tener empleo, techo en alquiler o casa propia, sueldo conque suplir precariamente las necesidades básicas en la capital o en las provincias más desarrolladas; la otra cara la refleja un gran conglomerado diseminado en las periferias de Santo Domingo y las grandes ciudades, donde se refugian quienes tratan de escapar de la miseria y el abandono de los campos, los inmigrantes que llegan de distintos países en busca de mejor condición de vida y todos los damnificados por la crisis económica y social.
En un país donde viven más de diez millones de personas en las condiciones descritas y que ha sido dirigido por gobiernos que no se han interesado en gobernar para revertir la miseria y la pobreza, los feminicidios, violaciones y abusos a mujeres, niñas, niños y adolescentes aumentan cada vez más, como sucede ahora que la situación se ha salido de control.
Este año 2020 tiene apenas 20 días de iniciado, sin embargo, ocho mujeres y niñas han sido asesinadas y violadas por adultos y jóvenes que, conocidos en sus comunidades por la comisión reiterada de abusos y estupros a menores.
Conmueve lo más recóndito del alma la muerte de la niña de cuatro años Yaneris Rodríguez que ha sobrecogido la conciencia nacional. El mismo sentimiento de rechazo produjeron en el año 2019 las muertes por causa similar de cinco niñas en localidades de Santo Domingo, La Romana, Boca Chica, Santiago y Azua.
Julissa Contreras, de apenas 2 años, murió en Manoguayabo el 28 de septiembre, hace sólo tres meses; Esmeralda Marte, de 9 años, en la Caleta; Laura Vargas, Emelin Tavárez, entre otras menores de 14 años asesinadas entre los meses de julio a noviembre del año recién finalizado.
Existe la tendencia de atribuir estos hechos “al descuido” de las madres de las víctimas o del entorno sin considerar las circunstancias que generan estos desgarradores crímenes, cuyas raíces atraviesan un complejo sustrato de machismo, prejuicios e indigencia ética.
La población debe repensar sus estructuras sociales, políticas, económicas y culturales a fin de crear una sociedad educada en la equidad de género y la valoración femenina, fomentar las actividades productivas y las familias vivan en condiciones dignas.