Les digo Algo?

La libertad de Expresión no vale nada sin la libertad de Pensamiento.
José Luis Sampedro.

A finales del decenio de 1990 el neoliberalismo introdujo en la República Dominicana cambios en la conceptualización de las actividades productivas estiladas por años a las cuales se atribuía la crisis que afectaba la economía y se proclamó la urgencia de modificar y buscarle nuevos enfoques a la economía, centrados en El Mercado, para alcanzar la ansiada bonanza.

La acogida tenida por esas ideas ocasionó una batida en contra de los modelos gerenciales y administrativos seguidos por las empresas públicas y privadas, algunas de las cuales se arruinaron, fueron vendidas o quebraron cuando aplicaron las recetas importadas por los organismos internacionales y las compañías de asesorías europeas de todo tipo que invadieron el país.

En los renglones de la producción donde estas ideas tuvieron mayor influencia fueron la industria azucarera, las editoras, las comunicaciones, los medios de comunicación y producción de informaciones: diarios, radio, televisión en las que sus dueños contrataron empresas extranjeras para modificar desde sus símbolos hasta la gestión administrativa, aplicando la llamada reingeniería que sirvió para despedir personal, conculcar derechos y hacer voto de fe sobre la “necesidad de salir de todo lo viejo”.

En esa grave decisión incurrieron dueños de periódicos, emisoras y televisoras que se sumaron a la corriente “de la reingeniería” neoliberal.

La marea neoliberal en el sector productivo público desmanteló el sistema de empresas estatales y arrasó con la producción azucarera ocasionando no solo su ruina; agravó la crisis económica y llevó a la más extrema pobreza a miles de trabajadores y trabajadoras que aún peregrinan por las calles del país reclamando una pensión o un empleo.

Con el neoliberalismo todo lo viejo había que descartarlo para volver a las formas más primitivas y salvajes del modo de producción capitalista. Como secuela de la imposición de tan bárbaro modelo, encontramos en la política y en todos los ámbitos donde los actuantes disputan poder, rechazo, menosprecio y maltrato a quienes acumulan experiencia y tiempo de servicio en los ambientes productivos, sociales y en las organizaciones profesionales donde socializan mayores y jóvenes.

Ser mayor en la República Dominicana es exponerse a que se conculquen los derechos y a vivir y aspirar a continuar ejerciendo su carrera o su modo de vida, a no tener un empleo, a no actuar en los ambientes que se desee, a no divertirse ni expresar opiniones, porque como invoca el neoliberalismo; lo viejo es atraso, no vende ni sirve para nada. Sobre todo si “lo viejo” atesora en los modernísimos sistemas financieros decena de miles de millones de pesos en pensiones no retribuidas, servicios de salud no ofrecidos y deuda social no saldada que los gestores neoliberales se han apropiado.

Donde esta idea se nota, hasta con cierta agresividad, es en el sistema de partidos. En otras culturas y latitudes acumular experiencia en las lides políticas constituye un capital invaluable y beneficioso para quienes lo poseen. En el Oriente, ser mayor es sinónimo de sabiduría y merecimiento y la base de toda renovación, aquí es morir de tristeza y en el olvido después de haber dado lo mejor de su capacidad humana, profesional y de lucha.