¿Les digo Algo?

La libertad de Expresión no vale nada sin la libertad de Pensamiento.
José Luis Sampedro.
Con la recuperación de la libertad tras el derrocamiento de la dictadura de Rafael Leónidas (Chapita) Trujillo Molina, las mujeres dominicanas, muchas de las cuales participaron en las acciones contra la dictadura, asumieron luchar por el reconocimiento de sus derechos y autonomía.
Sectores femeninos fueron incorporados a los partidos políticos formados durante la dictadura, cuyos dirigentes consideraban importante el papel de las mujeres en la sociedad, abriéndoles las puertas de esas organizaciones donde sus ideas eran escuchadas. Algunas, como Minerva Mirabal, alcanzaron una dimensión política de primerísimo orden.
La visión de la mujer de ser humano con igual capacidad que el hombre, con derechos humanos, sociales, políticos y civiles promovida por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), fue, en apariencia, aceptada por la dictadura que instruyó a las servidoras del régimen integrarse a esa corriente de política internacional ocupando, incluso, asientos en ese organismo donde las sufragistas levantaban el derecho al voto femenino.
Entre tanto, en el país, mujeres como Altagracia del Orbe, Minerva y María Teresa Mirabal, Tomasina Cabral, Aniana Vargas, la viuda de Mauricio Báez, resistían los atropellos del régimen trujillista contra sus esposos, el pueblo y ellas mismas.
Entre las demandas exigidas a los gobiernos se incorporaron reivindicaciones propias de la población femenina, siendo que las activistas educaban a las otras mujeres en el conocimiento de sus derechos, la valoración de sus capacidades y potencialidades.
El movimiento de mujeres feministas dominicanas ha escrito dignas e históricas páginas contra las imposiciones políticas, la discriminación, la falta de libertad, de educación, salud y alimentación a partir de la década del cuarenta y este nuevo siglo XXI en que las estadísticas todavía evidencian profundas desigualdades que afectan el desarrollo de las mujeres a quienes se trata de embaucar con mentiras y promesas, dando vigencia a la necesidad de cambiar el injusto orden social.
La mujer dominicana fue capaz de unirse y formar un grupo parlamentario para impulsar leyes favorables al sector, donde coincidieron todas las que abogaban por la misma causa, aportando ejemplo de determinación en la búsqueda de un objetivo común para lo que fueron capaces de obviar las diferencias ideológicas, filosóficas, partidarias y conceptuales.
La lucha de la mujer por su emancipación ha sido, es y será difícil y larga… 41 años después de la Década de la Mujer se derrumbaron algunas barreras de participación en la política y en la producción, pero las fundamentales del hacer cultural e ideológico permanecen, debilitando y sesgando el surgimiento de la mujer soberana en su ser, su estar y su hacer.
Mientras se reproduzca la creencia de que el varón es el jefe, dueño y señor respetado en sus deseos y decisiones y a la mujer se le considere persona de segunda categoría, sujeta a obedecer hasta el martirio, la violencia de género no será superada.
La vida plantea a la mujer la paradoja de ser víctima y liberadora. Ella debe transformar la conciencia humana con nuevos valores para dar paso a la nueva mujer, al hombre nuevo, al niño y la niña nueva, sacando de su ser los pensamientos que encadenan al varón y a la hembra.