¿Les digo Algo?

Donald Trump ganó las elecciones en los Estados Unidos de América. Su victoria deja perplejos y cuestiona a los predictores, analistas y encuestadores cuyos vaticinios favorecían a su contendora Hillary Clinton, de quien se decía lo aventajaba en la preferencia de los electores, pero el truco le funcionó al “anti político”.
En la campaña, Trump se perfiló como un ciudadano descontento con las políticas económicas y sociales aplicadas por los gobiernos de los partidos Republicano y Demócrata entre los que se alterna el poder político en esa nación donde una parte de las personas manifiestan su rechazo a los cambios producidos en los últimos tiempos.
En los análisis sobre las posibilidades que tenían Hillary Clinton y Donald Trump para ganar las elecciones, los analistas estadounidenses, europeos y latinoamericanos concedieron poca importancia al disgusto de la población que la está pasando mal por falta de empleos, de seguridad social, de vivienda.
Tampoco pensaron en que, como todos los pueblos, los norteamericanos reaccionan y deciden en función de aquello que los afecta, por el influjo de las costumbres y las tradiciones, factores en los que se apoyó Trump para diseñar el andamiaje mercadológico de su imagen proselitista.
Trump asumió la actitud anti política generada por la incapacidad de los políticos, la corrupción y el abuso de poder en casi todos los países y en los Estados Unidos, donde la diversidad étnica y cultural es compleja dado los intereses, creencias y necesidades de los grupos coexistentes que demandan derechos para los negros, los homosexuales, las minorías descendientes de emigrantes de África, Europa, Asia y América Latina, mostrando ser conocedor de la forma de pensar y sentir de la nación gringa.
Algunos interesados en la política norteamericana consideran que la elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos es un reflejo de la crisis del capitalismo, agotado por el socavamiento de las estructuras sociopolíticas en las que se sustenta y no puede ofrecer respuestas a que satisfagan las necesidades de la población.
Trump no es la respuesta a los cuestionamientos que provocaron su elección, no es antítesis a los políticos tradicionales ni la solución que los Estados Unidos necesitan.
Se dice que el mundo está temblando con la escogencia de Trump por ser impredecible y no saber cómo actuará en lo adelante; si cumplirá sus promesas de campaña que, de aplicarse, apuntan a generar conflictos con México y otras naciones latinoamericanas, musulmanas y árabes.
De lo que si el mundo debe estar seguro es que los locos no se comen sus propias heces y que hay gente que es mucha espuma y poco chocolate. En Estados Unidos de América, el establishment es que decide.