¿Les digo Algo?

La advertencia de los ambientalistas de que la barrera de coral que encajona y protege la piscina marina de Andrés Boca Chica estaba muriendo, se ha cumplido, quedando el balneario sin la protección natural que la hacía la playa más valorada de los habitantes de la capital por sus límpidas y tranquilas aguas.
Boca Chica era la zona de esparcimiento más seguro, placentero, saludable y económico que tenía la población capitalina y los sectores aledaños, que incluso iban andando en grupos o en soledad a disfrutar un buen rato en sus aguas.
El deterioro de ese recurso natural se produjo progresivamente.
En los últimos veinticinco años se fue convirtiendo en una pileta de aguas estancadas, hedionda, turbia y hoyos profundos ocasionados por los dragados realizados sin observación técnica, el vertido de las aguas negras de los hoteles construidos en violación a los 60 metros en ese litoral, los derrames de hidrocarburos de las embarcaciones que visitan el puerto, efluentes del antiguo ingenio, las injurias conducidas por las aguas subterráneas del río Brujuelas, los desperdicios sólidos, incluido un océano de plásticos de todos los tipos, formas y colores.
Estas acciones agudizaron la desaparición de los corales y el manglar al irrumpir el orden de la vida marina que estaba siendo afectada desde que los hoteles empezaron a usarla como recipiente para las aguas negras en vez de construir plantas de tratamiento y sistemas sanitarios como debía ser, mientras la planta de tratamiento de Andrés dejó de funcionar por décadas y su capacidad es muy inferior a la requerida para los volúmenes de efluentes que se generan.
Estas irregularidades, que debieron ser frenadas por las autoridades haciendo cumplir las leyes, han afectado un recurso de incalculable valor social, económico y ambiental que demanda una intervención urgente de las autoridades municipales, del Gobierno central, de los grupos económicos con intereses en el área y de las comunidades.
Sorpresa y estupor ha causado la noticia que da cuenta de los aprestos del ayuntamiento local para conceder una zona para el uso exclusivo de un inversionista dentro del perímetro del Área Nacional de Recreo Boca Chica, en violación a las leyes 202-2004 de Áreas Protegidas y 64-2000 de Medio Ambiente y Recursos Naturales.
Recuperar la vida en el arrecife, sanear las aguas y los fondos de la playa de Andrés-Boca Chica demanda planes de mediano y largo alcance.
Grupos comunitarios y entidades sociales locales realizan acciones y suman fuerzas y esfuerzos para intentar proteger y ampliar el manglar, limpiar las zonas más críticas de plásticos y basura en general, promover en los diversos actores que coinciden en la zona el uso responsable de la playa y otras acciones cuyo efecto se ve disminuido y opacado por la indiferencia, inacción y la culpabilidad de quienes tienen la principal responsabilidad en el daño y la mayor obligación de actuar: las autoridades.