¿Les digo Algo?

La elección del magnate Donald Trump para ocupar la presidencia de los Estados Unidos de América ha servido para que ahora se piense en aspectos que deben ser considerados en la personalidad de quienes aspiren a desempeñar cargos importantes en un país.
En el caso del nuevo mandatario estadounidense, los psiquiatras tardaron en confirmar las sospechas de esa sociedad y el mundo de que puede tener problemas de personalidad e inestabilidad emocional que llevaron a que se le considere como loco.
La gente tilda de loco a las personas que hacen cosas fuera de lo normal o actúan sin medir las consecuencias sociales de sus acciones. En el caso del señor Trump, las excentricidades y la arrogancia empezaron a preocupar a la gente por tratarse de alguien que tiene en sus manos el destino de una nación y el equilibrio mundial.
Hay que decir, sin embargo, que el estilo del mandatario no dista del de una gran parte de los ciudadanos de esa nación que se consideran superiores o por encima de los demás habitantes del planeta y no van lejos para enrostrar su supremacía de oriundos del país considerado el más poderoso de la tierra, posición que temen perder.
En periodos anteriores, presidentes estadounidenses imbuidos del sentimiento de superioridad se resistieron a aceptar los lineamientos tradicionales en las relaciones con los demás países y la economía interna, actitudes que en determinadas circunstancias produjeron graves tensiones hemisféricas y mundiales.
Norteamérica, América Latina, el Caribe y Asia han tenido experiencias de presidentes considerados locos por sus pueblos debido a sus comportamientos y modo chabacano de asumir asuntos de enjundias.
Las excentricidades y la forma de actuar de algunos de esos líderes causaban sorpresa a sus gobernados, solo que las salidas descabelladas de estos personajes tenían menor impacto en el orden internacional que las del presidente Trump.
En estos meses, los discursos y acciones del ahora gobernante han reflejado que es una persona arrogante, poco tolerante, mal educado, incluso se le ha visto ignorar a su esposa ante la que se conduce sin dedicarle deferencia.
El comportamiento del magnate presidente ha sido estudiado por un grupo de treinta y cinco psiquiatras estadounidenses que han confirmado la percepción que sobre su personalidad ya se había formado el mundo y especialmente la sociedad estadounidense. Los psiquiatras han expresado que “el discurso y las acciones del señor Trump demuestran una incapacidad para tolerar opiniones diferentes a las suyas, lo que le lleva a reacciones de rabia. Sus palabras y conductas sugieren una profunda incapacidad para sentir empatía, los individuos con esos rasgos distorsionan la realidad para adaptarla a su estado psicológico, atacando a los hechos y a quienes los transmiten”.
Sin embargo, se les olvidó decir qué efecto puede producir en el gobernante tener que desdecirse.
A mí me preocupa qué efecto pueda producir en el planeta la conducta arrogante, prepotente y militarista que han tenido todos los presidentes estadounidenses y los de la mayoría de sus grandes aliados.
Esperemos.