Letras

Ahora que no estás Benedetti me pregunto dónde está guardado tu corazón de poeta. ¿Acaso sabías que las voces de los poetas no se apagan y que su palabra nunca muere?

Quizás lo sabías al momento de enseñarnos desde el exilio voluntario de tu Montevideo querido, que el corazón es lo único que no se marcha cuando uno se va.

 No quiero hablar de otros tiempos, y sin embargo, para hablar de tu presente tengo que caminar por el pasado que viví contigo, a la sombra de tu palabra que me daba tácticas y estrategias en tiempo de utopía.

Tu le pusiste nombre a un continente cuando junto a Joan Manuel Serrat dijiste que “el Sur también existe”.

Y como las cosas no existen hasta que no las nombran, de repente el Sur existió y desde esa existencia poética musicalizada nos encontraron otros y nosotros nos encontramos, como tus  juegos de palabras, hechos haikús y sentencias ya filosóficas que viven en la memoria de varias generaciones de latinoamericanos e hispanoamericanos.

“Cuando los culpables son los otros… el inocente no es uno mismo”,  intento recordar entre todas tus  frases que tanto sentido le dieron a mis días de adolescencia.

Son frases de poemas, títulos de poemas, finales de poemas que se agolpan con la fuerza de tu estrategia de hacerte un poeta imprescindible, usando como táctica el espejo de las emociones de todos. “Mi estrategia es/ en cambio/ más profunda y más simple/ mi estrategia es que un día cualquiera/ no sé cómo ni sé con qué pretexto/ por fin me necesites”.

 A lo que cualquiera aspira. A que los otros, siempre, ellos, los otros, mientras nosotros nos ocultamos dejándole al otro la decisión de aceptar si quiere acudir a nuestro buen corazón que se ofrece desinteresado: “compañera, usted puede contar conmigo”. Recuerdo que mi afición por Benedetti me granjeó una de las amistades más perdurables de mi vida, la de Yaqui Núñez del Risco. Un día él estaba tan triste en el Show del Mediodía que yo le escribí una nota de apoyo, llena de inocencia pueblerina, que finalizaba con este  poema de Benedetti.

“…y cuando digo esto/quiero decir contar/ aunque sea hasta dos/aunque sea hasta cinco/ no ya para que acuda/ presurosa en mi auxilio/sino para saber/a ciencia ciertaque usted sabe /que puede contar conmigo”.

Yéndonos más atrás, no podemos olvidar las maravillosas interpretaciones que lograra Sonia Silvestre de “Te quiero”: “Si te quiero es porque eres… -en el original usa porque sos¨-“ y “No lo creo todavía” y que los dominicanos cantamos como si fueran simples canciones populares.  “Si te quiero es porque eres/ mi amor, mi cómplice y todo/ y en la calle codo a codo/ somos mucho más que dos”.

Desde mi adolescencia para acá el equipaje que mejor me ha acompañado, desde mi peregrinar Monte Plata-Santo Domingo y “Viceversa”, han sido los  versos. Entre ellos los tuyos, que aunque  la crítica no haya valorado en toda su dimensión, son inolvidables, porque  lograste hacer con  palabras sencillas  mensajes tan profundos. Dejaste traslucir tu pensamiento y dar encanto  a nuestros primeros sentimientos. De hecho, muchos juegos de palabras y muchas estrofas de tus poemas han sido citas citables entre los aficionados no contaminados,  de tu obra.  Así “Defender la alegría” fue nuestra forma favorita de luchar contra la desesperanza: “Defender la alegría/ como una trinchera /defenderla del escándalo y la rutina/ de la miseria y los miserables/ de las ausencias transitorias/ y las definitivas”.

Debes estar consciente de tu   gran impacto en los que buscábamos respuestas a nuestras necesidades ideológicas en la política de izquierda o en contra de las dictaduras, las injusticias y los dolores de los “del montón salidos”. “Con tu puedo y con mi quiero/ vamos juntos compañero”… “No te salves”,  me ha servido de canto de batalla:  “No te salves/ no te llenes de calma/ no reserves del mundo/ sólo un rincón tranquilo/ no dejes caer lo párpados/ pesados como juicios/ no te quedes sin labios/ no te duermas sin sueño/ no te pienses sin sangre/ no te juzgues sin tiempo”.

Sobre todo, me gustaba recitarte en los homenajes poéticos que realizábamos en Monte Plata junto a Edgar Reyes y Charlie Mariotti y en los que culminaba con voz decidida los versos en que se enunciaba que si hacía todo lo contrario a esta primera parte  “… y quieres con desgana… y reservas del mundo solo un rincón tranquilo, y te salvas…” entonces, “no te quedes conmigo”. ¡Tremenda valentía!  

Recuerdo que uno de mis  profesores, Luis de León, me regaló en nuestros días de universidad un libro con tus poesías completas,  en la que me anunciaba “prometedora como pocas”. También ese estímulo de estudiante vive en mi memoria ligado a ese culto silencioso que te he rendido siempre,  Mario de Uruguay, de México, de España, del español. El mundo se ha rendido a tus pies.

Mi alma también estaría de luto, si no sintiera  tu corazón,  latiendo en tus  poemas .