Ley de alto interés nacional

JOSÉ B. GAUTIER
No pretendemos clamar en el desierto “per secula seculorum” por una demanda justa, sin ser oídos ni escuchados por nadie. Hablaremos y razonaremos aunque sea uno a uno con todos los habitantes de una pequeña y humilde nación pobre, pero libre y orgullosa, su historia parecida a la de “La Viña de Nabot” bíblica, ubicada, no en Israel, sino en una isla en el centro del Mar Caribe: “Había una vez un codicioso rey llamado Acab”, -relata la Santa Biblia en el Viejo Testamento-, “que quería apoderarse del terruño colindante al palacio real donde Nabot cultivaba una viña. Envidiaba aquella posesión de su vecino. Por no querer vender su heredad al rey Acab,- Nabot sufrió graves persecuciones y castigos…”.

Observa. Medita todo el mensaje que envuelve esta parábola bíblica. Asóciala a la problemática geopolítica, humana y económica actual donde la codicia desmedida de poderosas naciones pretende cercar a la República Dominicana hasta su colapso como nación libre y soberana, exigiéndole abrir sus fronteras a una migración masiva de personas y mercancías, bienes y servicios, incontrolada. Veras cuantos parecidos existen entre ambas historias de ayer y de hoy. ¡Nos quieren arrebatar la nación dominicana obstruyendo o destruyendo todas sus fuentes de riquezas humanas y materiales! ¡Emulemos el ejemplo de Nabot en su lucha por defender y conservar la viña heredada de sus antepasados!

Es de alto interés nacional que todos los dominicanos nos ocupemos ahora que vivimos en una sociedad pluralista dentro de un estado de derecho, con un gobierno democrático, representativo y alterno, de cuidar nuestro territorio mediante la protección, la conservación y el mantenimiento de todos los padrones o pirámides fronterizos ubicados sobre el terreno que marcan la línea divisoria existente entre la República Dominicana y la República de Haití, a todo lo largo de su frontera común de aproximadamente 386 kilómetros de longitud, desde la desembocadura del río Dajabón o Masacre, en el Océano Atlántico, en la Bahía de Manzanillo, al Norte, hasta la desembocadura del río Pedernales, en el Mar Caribe, al Sur.

Todos estos padrones o pirámides, -335 en total-, fueron construidos de mutuo acuerdo para dar cumplimiento específicamente a los Artículos 2 y 6 del Tratado de Fronteras, firmado por los presidentes Horacio Vásquez y Louis Borno, el 21 de enero del año 1929, y modificado mediante el Protocolo de Revisión de dicho tratado fronterizo con un Anexo, firmado por los Presidentes Rafael Trujillo y Stenio Vicent, el 9 de marzo de 1936. Los mismos fueron ubicados con su descripción topográfica en 97 planos originales con numeración y letras sucesivas evacuados, aprobados y firmados en ese periodo por los miembros de la Comisión Delimitadora de Fronteras, designados por cada gobierno.

Los padrones o pirámides fronterizos están construidos alternándose, unos en territorio dominicano, -con 104 en total-, con el frente que mira a la República Dominicana, con inscripción en letras RD, su numeración y año 1929; otros en territorio haitiano, -con 101 en total,- con el frente que mira a la República de Haití, con inscripción en letras RH, su numeración y año 1929, en las márgenes de ríos, arroyos y cañadas, siendo el curso de agua de los mismos, la línea divisoria entre los dos países y en la Carretera Internacional con sus 47 kilómetros de extensión, alternándose de la misma forma en territorio dominicano y territorio haitiano, con inscripción numérica sucesiva y año 1929, siendo el eje de la carretera, la línea divisoria entre los dos países. Así como también compartidos en un solo padrón fronterizo o pirámide, en territorio limítrofe, -con 130 en total,- en tierra firme y el borde de la Laguna de El Fondo o Lac Assuei, con las inscripciones en letras RD o RH según mire frente a territorio dominicano o frente a territorio haitiano y año 1929.

La Constitución de la República Dominicana en su Artículo 101 prevé lo siguiente: “Toda la riqueza artística e histórica del país, sea quien fuera su dueño, formará parte del patrimonio cultural de la Nación y estará bajo la salvaguarda del Estado. La Ley establecerá cuanto seas oportuno para su conservación y defensa”.

Por constituir los padrones o pirámides signos inequívocos de haber sido trazada sobre el terreno la línea de demarcación fronteriza definitiva que separa el territorio de la República Dominicana del territorio de la República de Haití, se hace necesaria una legislación adecuada de alto interés nacional, aprobada por el Congreso Nacional y promulgada por el Poder Ejecutivo, que establezca jurídicamente su protección, su conservación y mantenimiento, cónsono con el derecho internacional y los acuerdos bilaterales, por estar indisolublemente ligadas las dos naciones limítrofes a los mismos ideales de paz, de justicia y de progreso en sus relaciones de respeto mutuo y amistad perpetua.

¡Cuidémonos en salud! Desgraciadamente en este país abundan “los comejenes humanos”, especímenes raros de ocultos traidores, tontos útiles, misioneros, evangelizadores, idealistas frustrados, “quislings” o quinta columnas, políticos oportunistas, muchas “Madre Teresa de Calcuta”, que se pasan la vida en la sombra carcomiendo la Patria Dominicana que otros ayudaron a crear en el tiempo, con su sangre, sudor y lágrimas.