Libertad expresión, ¿o de libertinaje?

Creo en la libertad de expresión y soy capaz de defenderla hasta con la vida, si fuese necesario. Creo en el periodismo de compromiso social que cuestiona y combate los males de esta sociedad y denuncia la irresponsabilidad de los gobiernos y funcionarios que no cumplen con sus deberes.

Esa libertad, sin embargo, no justifica la vulgaridad ni las ofensas personales. Todo ciudadano tiene derecho a expresarse respetando las normas elementales de la decencia y la dignidad, contrario a lo que sucede en los comentarios que se hacen en la mayoría de los medios digitales.

En el marco de esta situación se originó el desagravio público del comunicador Saúl Pimentel, director del periódico digital Almomento.net, al prestigioso periodista Marino Zapete, su familia y por extensión a los no menos destacados y respetados Huchy Lora y Juan Bolívar Díaz.

Un supuesto sicario moral, usando un seudónimo, como irresponsablemente suelen hacer, formuló serias e infundadas acusaciones contra los referidos comunicadores luego de acceder libremente a la sección de comentarios del medio de comunicación digital en tres ocasiones diferentes.

Esto indujo a Saúl Pimentel a bloquear a más de 20 foristas que, pese a sus advertencias han insistido en usar, desde el anonimato, un lenguaje soez y difamatorio contra personas, que podrían someter al periódico a cualquier demanda por difamación e injuria.

Quiera Dios que este sea el punto de partida para que los directores de medios digitales controlen los comentarios que se publican en los mismos, debido al morbo e intereses políticos, económicos y de otra índole que atentan contra la honra y la dignidad de cualquier ciudadano, sobre todo, en tiempos de campaña política.