Libertades de prensa y de empresa

JOSÉ BÁEZ GUERRERO
j.baez@codetel.net.do
La prensa criolla ofrece al público el más amplio abanico de opiniones, crónicas e ideas, desde prácticamente todas las perspectivas, desde idiotez complaciente hasta gravedad académica, y más que quejarnos por falta de buena prensa, pudiera argüirse que padecemos un exceso de publicaciones, un alud informativo que a veces se torna opresivo. Para quienes la leemos toda, la prensa dominicana luce superabundante…

Cada cierto tiempo se ven novedades. Igualmente, pasa como en todo en la vida, que algunos ciclos se cierran, y desaparecen programas, columnas, revistas o diarios. Nada es eterno excepto Dios. Para tener larga vida institucional, los medios de prensa requieren algo más que la voluntad de sus editores y el favor del público: les es imprescindible la salud financiera.

Un agudo empresario me preguntó una vez, “¿para qué otra cosa, que no sea pagarlo, puede servir un pagaré?”. He recordado la ocurrencia al leer que un diario del país, en varios editoriales recientes, acaba de denunciar un alegado intento gubernamental para dizque “silenciarlo”.

La tremebunda denuncia luce como un par de mangos colgando, a punto de gotear por su propio peso. ¿En qué cabeza humana sensata cabe que el gobierno desee “silenciar” a algún medio de comunicación, cuando entre nosotros la libertad de prensa llega a límites que bordean el libertinaje?

¿Acaso no puede uno ver y oír y leer todos los días en la múltiple, pluralista, cacofónica y tumultuosa prensa criolla, todo lo que cualquiera desee decir acerca de todos los temas del mundo? Entre la radio, la televisión, la prensa escrita, los medios virtuales por Internet, los dominicanos poseemos una de las prensas más libres y vigorosas del mundo.

Algo parecido pasa con productores independientes de programas de radio y televisión, que confunden las libertades de prensa y de empresa. La primera les permite ejercer el periodismo como lo deseen; la segunda los obliga a ser buenos pagadores al arrendar sus espacios, pues ninguna empresa está obligada a mantener programas cuyos productores incumplen.

En el caso de las quiebras bancarias fraudulentas del 2003, los experticios forenses revelaron cómo ciertos imperios mediáticos se constituyeron con financiamientos cuestionados. Que un acreedor exija al deudor que pague, como se espera de cualquier caballero, cae dentro de la categoría o ámbito de los negocios, no de la censura ni “silenciamiento” de la prensa.