Liderazgo y poder de las ideas

Los centuriones al servicio del imperio romano mataron a Cristo, quien, al reencarnarse en tantos cada día, le da el mismo oficio a estas tropas nuevas que siguen con sus máquinas matándolo en los hijos del pueblo.

Rotación sin fin del mismo crimen siempre impune, que persigue a muerte las ideas que expresan al pueblo y a sus necesidades, que desvisten el asco o el engaño, o que permiten lo divino. Lamentan enojados los imperios y sus satrapías que desde aquel calvario hasta los múltiples actuales, no hayan conseguido sus sicarios eliminar las ideas movilizadoras de aquel rebelde agitador llamado Cristo.

Ideas en vías de diseminación como algunas hay ahora, entre aquellas antiguas gentes, captadas entonces en su medio por un joven galileo extraordinariamente compenetrado con ellas y sensibilizado, hijo de carpintero y de mujer de aldea, quien las procesó en su pensamiento y las predicó, induciendo a una revolución moral sin precedentes -todavía no religiosa- que resultó política en opuesta reacción a la decadencia del poder y dominación romanas; moral que se constituyó en estandarte y guía reorganizador de oprimidos, excluidos, esclavos, explotados y justos, como ahora habemos, que con ella conquistaron tan poderoso imperio más 21 siglos en la historia de la civilización.

Ningún hecho social tan perdurable, original, ni tan orientador ha repercutido sobre Occidente desde el manantial de las ideas ciertas, de las que se apropia la gente cuando les sirven para hacer catarsis, reinterpretarse, readquirir identidad y ser, rompiendo esclavitudes como lo hicieron las ideas del Cristo, sabias, oportunas, necesarias, de extra académica sencillez, psicológicamente transformadoras y reorganizativas, que dejaban con la boca abierta a los doctores… “Y conoceréis la verdad y la verdad os hará libre”, juicio genial que superó acompañándolo a aquel mucho más viejo, necesario a quienes quieren dirigir a los demás por autodecisión y que reza primero “Conócete a ti mismo”.

La política que es sinergia en cuanto es la acción combinada de diversas acciones tendentes a lograr un efecto único; que es empatía, en cuanto a que es un estado mental en el que uno mismo se identifica con otras personas o grupos en los que advertimos complementariedad o similar intención, y que además es crisol de virtudes en quienes como Cristo las usan par catalizar la transformación de los demás desde la imagen y ejemplos de quienes expresan el verbo; esa política, reitero, esencialmente moral coherente, que derrite a falsos profetas, está exigiendo a los verdaderos salirse de la endogamia de su propia historia e ir al encuentro de los otros y volver al pueblo con quien sólo es posible llegar, acompañándolo urgentemente a independizarse psicológica y políticamente de las redes de sus opresores; cuestión imprescindible para tomar el rumbo alternativo, tras alcanzar la complementariedad recíproca en el impulso por salir del atolladero de la crisis actual.

Cuando impregno este artículo de remembranza sobre el cristianismo, no es para reforzar el mesianismo, es para lo contrario, y para ejemplarizar con ellas, para nuestros ciudadanos y ciudadanas aquí y en el exterior, quienes me cuestionen sobre idas de otros anteriores, el poder de las ideas puestas por delante de los nombres, para reorientación y la unidad social. Pero también para mostrar algo más, que es el efecto trastornador irresistible que las ideas de cambio surten contra los poderes decadentes establecidos hacia los cuales ellas apuntan, desde el arco de la integridad y coherencia con los necesitados, de quienes la expresan desde el acompañamiento al viacrucis del pueblo y no desde encima de él, o como un simple ejercicio retórico que suele ser plataforma de individualismo.

En los espacios que he venido compartiendo y en especial dentro del proyecto bajo definición “Es Hora de darle un Nuevo Rumbo al País” que cogestioné hasta fin del pasado año, pero que sigo suscribiendo en sus líneas básicas originales mientras modestamente laboro por la unidad de las iniciativas populares y de los sectores democráticos para trascender las limitaciones del éxito de las últimas dos jornadas huelgarias he insistido por categorizar el liderazgo de las ideas sin real efecto. Entre las manos duras de los políticos y sus habilidades, está la política. Pero ésta con todo, está llamado a cobrar relevancia en el proceso porque contribuye a desenvolverlo devolviéndole el escenario del país a la creatividad de quienes son los dueños y actores del mismo, el pueblo, único que siempre es y será fiel a su destino.