Literatura, cultura y pandemia: efectos y cuidados

Literatura, cultura y pandemia: efectos y cuidados

§ 1.Los miembros de las tres generaciones que van de 1961 a 2021 crecieron en la flor de la libertad y no pasaron las penurias de la represión y la vigilancia de la dictadura de Trujillo, pero lo que constato hoy es que, con excepción de unos escritores que se cuentan con los dedos de la mano, sus obras literarias y sus opiniones en torno al lenguaje son las de los manuales que se usaban en tercero y cuarto de bachillerato en mi época, verbigracia Ángel Lacalle, sustituido por textos de autores criollos que tienen menos sabor, saber y gracia que la gramática de Pedro Henríquez Ureña y Amado Alonso.

Todos esos generacionistas escriben de poesía lírica, épica, dramática y cómica y sus variantes combinatorias incluidas en los manuales literarios de secundaria y universidad que llevan escondido su verdadero nombre: estilística, estética, estructuralismo, sociologismo literario, cobijados todos bajo el nombre del partido del signo.

Sin importar el nivel de las licenciaturas, maestrías y doctorados impartidos en las universidades de América Latina, la jerga literaria de estos graduados es la misma que la de los licenciados, maestros y doctores graduados en los Departamentos de Español o Literatura de las universidades norteamericanas.

De ahí la connivencia. No hay transformación de los discursos literarios porque no hay transformación de la teoría del signo. Las opiniones literarias son las mismas desde el periódico y su suplemento cultural hasta el doctorado de universidad.

§ 2. En el plano de los vicios de dicción, fruto de la falta de dominio del idioma español, no hay textos de ficción o teórico de estas tres generaciones que no contenga masivamente el gerundio mal usado debido a que se lo emplea acompañado del tiempo pasado o futuro; no hay textos de ficción o de teoría que no contengan la enorme cantidad de verbos comodín: no hay textos de ficción o teoría que no contenga mal colocados los pronombres posesivos en plural cuando el poseedor está en singular; incluso la vacilación se plantea en esos textos cuando el poseedor está en plural, pero lo poseído va en singular.

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En esos textos de ficción o de teoría constato que los miembros de las tres generaciones que llevo dicha (1961, 1981 y 2001) no saben usar los pronombres personales, pues los escriben repetidos donde no son necesarios Y esta camada de escritores hembras y varones pluralizan los adverbios, prueba de que no conocen su funcionamiento. Y esos escritores, supuestos relevos de Mieses Burgos, Gatón Arce, Fernández Spencer, Llanes, Rafael Américo Henríquez y demás integrantes ilustres de quienes sabían escribir el idioma español e incluso de los grandes escritores trujillistas que también tenían un sólido dominio del español, ahora resulta y viene a ser que ni siquiera los nuevos miembros de esas tres generaciones poseen el dominio de la concordancia verbal en sus escritos y menos aún el dominio de la puntuación correcta en nuestro idioma.

Mieses Burgos me comentaba, y a otros se le repetía que quien no domina las nueve partes de la oración escribirá obligatoriamente como el carbonero. Muchos de los miembros de estas tres generaciones se burlan del dominio de la gramática y se acogen, a lo loco, a la frase de Darío, quien decía: De las Academias, líbrame, Señor. Para los miembros de las tres generaciones que examino con lupa, para ser buen escritor no hay que ser gramático ni saber gramática ni lingüista. Y se aferran a los escritores llamados autodidactas, es decir a los que no fueron a la Universidad, como Bosch y Borges y fueron famosos y a otros de menos calidad que sin embargo fueron buenos escritores. Paro a estos iconoclastas, les recuerdo la frase que me dijo Bosch en su despacho cuando yo corregía sus obras completas: —Los que no hemos ido a una universidad como tú, tenemos que realizar un esfuerzo doble o triple para estar a la altura de ustedes o para superarlos.

Con esta frase, no se refería solamente al aspecto gramatical, del cual era un maniático estudioso, sino a la teoría lingüística, a la fonética, a la fonología, a la labor ardua de los profesores de análisis de textos literarios dotados de teorías nuevas para que los estudiantes, fuera del marco de la estilística y la estética o el sociologismo y a partir del ritmo como organización del sentido de la escritura, aprendieran a analizar los textos literarios de un modo no tradicional, es decir, a partir de la teoría del signo, donde el significado anula al significante y todo lo demás.

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§ 3. Sea por inercia, por falta de inteligencia, por miedo a lo nuevo, por intereses de capilla o de rebaño, desde 1973 hasta hoy las tres generaciones han tenido la oportunidad de acceder a la poética a través de la enseñanza en la Universidad Autónoma de Santo Domingo o a través de los libros y ensayos publicados por Manuel Matos Moquete, Manuel Núñez y el suscrito, porque han tomado esta materia con el único fin de pasar de curso y se han aferrado a los viejos métodos que solamente les conducen al elogio mutuo cada vez que uno de los miembros del partido del signo pare una obra. Hasta España se les ha ido ahora delante con la tesis doctoral de Manuel Pacheco Sánchez sostenida en la Universidad Complutense de Madrid sobre la obra completa de Meschonnic luego de una sequía de 52 años en la que los autores españoles se negaron a mirar para el lado de la poética.

§ 4. Con la pandemia de 1918, solamente se hubo que lamentar la muerte de los 18 años del gran trovador Raudo Saldaña, segunda voz y guitarrista envidiable de Antonio Mesa y la del poeta Apolinar Perdomo. La generación de Moreno Jimenes, la de los sorprendidos y la de los grandes escritores trujillistas, nacidos antes, en medio o después de la pandemia de la gripe española, no fueron tocados por la terrible enfermedad y ahí están sus obras para atestiguarlo. Pero la pandemia de covid 19, aunque en medio de ella murieron algunos escritores víctimas o no de este mal, el más grande ellos —Marcio Veloz Maggiolo—, Carlos Esteban Deive o Víctor Víctor y el gran siquiatra Lino Romero, en Miami, el daño mayor de esta pandemia ha sido el tremendo sacudión psicológico que ha causado en la población en general y, entre los miembros de la ciudad letrada del partido del signo con su secuela, según el diagnóstico de los especialistas, de la desesperanza, el sobregirado, burn out o imposibilidad de lidiar con la cotidianidad, el incremento a las conductas adictivas, mucha violencia, abuso infantil, feminicidios, suicidios; tremenda soledad en adultos mayores y un sentimiento de culpa en quienes vieron partir a sus familiares, amigos o seres queridos son poder verlos, decirles adiós o enterrarlos dignamente; la creación de ansiedad e intranquilidad, insomnio, depresión, así como la realidad de la muerte vivida en condiciones tan apremiantes que ha causado la pérdida de negocios, cierres, quiebras económicas y frustración de planes de vida. Y no contento con todas estas secuelas, se añaden otras como la pérdida de seguridad, la previsibilidad, la educación y planes locales o extranjeros para los hijos, la incertidumbre ante el futuro inmediato o incluso el porvenir a largo plazo donde toda planificación es una utopía, se han creado nuevas prácticas y discursos racistas de gran virulencia y que antes de la pandemia estaban atenuados o invisibles, fobias y miedos de todo tipo, por todas partes encuentro una gente apática, triste, frustrada, pesimista y víctima de un gran desamparo emocional e irritabilidad. Nadie cumple con nada. Las citas perdieron valor. Nadie se preocupa por cobrar deudas. Los servicios de los técnicos medios se han encarecido y escaseado. Ha prosperado el egoísmo y la adicción a la bebida, los juegos y el sexo sin amor y las reuniones masivas en playas, ríos y bailes sin mascarillas. Semana Santa es una prueba. La conducción de vehículos en las zonas de mayor educación es una plaga, los motoconchos y deliveries convierten las calles de una vía en doble vías y los taxis les siguen los pasos. La salud mental es un misterio. Los médicos como que se han escondido y no les explican a los pacientes las enfermedades que les aquejan y se convierten en mudos de bata y bolígrafo.

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§ 5. Frente a la apatía y dejadez, los psicólogos recomiendan diseñar estrategias individuales y colectivas para disfrutar la vida y encarar con responsabilidad los efectos de la pandemia que abate a unos menos y a otros con más furor. Uno de los primeros pasos recomendados es concienciarse y aceptar que estamos afectados, cansados, conmovidos y que, por esa razón, debemos estar conectados con el momento presente y dejar de lamentarnos por lo que no se fue capaz de realizar en el pasado. Hay que aprender a respirar ante las situaciones adversas y no adoptar decisiones que luego haya que lamentarse. Un segundo paso importante recomendado por los psicólogos es la conexión con los demás, sea presencial, por zoom o por otros medios seguros, o sea estar conscientes que estamos vacunados con tres o cuatro dosis, fomentar las relaciones con los otros y ver a las personas como seres humanos plurales y que cada cual tiene habilidades para distintas prácticas.

Por ejemplo, hay individuos cuya especialidad es ser amigos para reír o chancear, otros para jugar, otros a quienes podemos confiar nuestros sentimientos, otros que son formidables analistas de la vida social, la economía, la literatura y la música popular. Los profesionales de la conducta apelan a nuestra prudencia para que sepamos distinguir lo que se puede controlar y lo que no. Esto nos evita cometer errores; debemos identificar cuáles son las personas o situaciones que no ayudan a regularnos mejor y no andar por ahí malgastando energía que más tarde necesitaremos. Recomiendan también mantener el contacto con la naturaleza, caminar, practicar el silencio y moderar el uso de las tabletas, los celulares y entrar en contacto por puro morbo con las redes sociales, formularnos un propósito o varios propósitos que les den un sentido de responsabilidad a nuestra vida cotidiana. Practicar la autocompasión y la compasión, fuera de todo sentimiento de lástima o pena hacia uno mismo y hacia los demás, sino saber compensar a los vivos y aliviar el sufrimiento de los que están todavía con vida. Hay que practicar el autodistanciamiento de lo que se está sintiendo y viviendo con el fin de ver más claro cómo deben ser nuestras acciones en favor del otro. En un diario o en una agenda, al pasar balance en la noche acerca de lo que se ha hecho en el día, hay que practicar un ejercicio de gratitud y anotar en el diario o agenda tres cosas por las que uno debe agradecer a la vida por haber vivido ese día y por las cosas que se tienen y por último, recordar siempre que no es el cambio lo que produce el dolor, sino la resistencia al cambio, según la frase budista.

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