Llega RobiDraco, el esperado

Llega RobiDraco, el esperado

Finalmente, tras ocho años de espera, Robi Draco Rosa saca a la calle un nuevo disco en estudio con canciones inéditas. “Songbirds & roosters” (1998) y “Libertad del alma” (2001), recuerdos afortunados y revisitados de pasadas creaciones, decoraron tímidamente este tiempo de espera que sus fans, quizá los más devotos del universo latinoamericano, ya consideraban más que extenso.

Su tarea de productor para otros –su amigo de la infancia Ricky Martin, Julio Iglesias, Ednita Nazario- parece haberse cortado de raíz.

El rocambolesco alumbramiento de “Mad love” ha traído al mercado un disco ecléctico, magnífico en su concepción y arreglos, con Robi en mejor forma vocal que nunca gracias a los sabios consejos de George Noriega, coproductor del álbum: “Canta, no te parapetes tras el sonido de tus instrumentos”. Así lo hizo el ex miembro de Menudo, que además ha tenido el detalle de no hacer un “Vagabundo II”, un remedo de su magistral obra del 96. Aquello queda como un excelente recuerdo de una etapa que, simplemente, no puede tener segunda parte. Ahora el “crooner” se mezcla con el “bad boy” y las chispas con la seda, algo que no es nuevo en la trayectoria de este artista singular, pero que simplemente se ha convertido en el patrón de su nueva creación.

Robi fue el primer miembro de Menudo en dejar la banda, con 17 años, y lo hizo para viajar a Brasil y grabar dos discos de música étnica en portugués. Evidentemente, no daba el típico perfil de chico bailarín de casting.

De vuelta a su Nueva York natal, aunque sus raíces familiares estén en Puerto Rico, Robi formó una banda, Maggie’s Dream, que dejó un disco y algunos sinsabores en la toma de decisiones sobre la banda. Como diría años después en una entrevista en el Times, Robi no concibe “estar haciendo música y no tener la decisión final sobre el trabajo realizado”. Estaba, por tanto, abocado a ser solista y alumbrar sus propios trabajos.

EN EL PASADO

Cuando salió “Frío”, en 1994, la impresión generada fue radical. Aquél  de melena teñida de rosa, remedo de su apellido paterno, revolvía las entrañas del rock en español de una manera que no se conocía en su tierra: un músico hiperdotado, que saltaba sobre las estructuras para crear belleza a partir del caos. Draco le hablaba a las venas, a las sienes, con una poesía insólita que denotaba su gusto por los vates franceses –Baudelaire, Rimbaud- y una imaginería brutal que, indefectiblemente, le convirtió en un artista de culto.

Lo de culto, casi siempre, significa no masivo. A pesar del respeto generado entre sus colegas de profesión y la espectacularidad de sus presentaciones, Robi Draco Cornelius Rosa –ahora dejó en el camino el apelativo romano- no era un artista de grandes dividendos. Menos aún lo fue con “Vagabundo”, de 1996, un disco básico en los anales del rock latinoamericano. Con textos de poetas  adaptados a una furiosa –y sin embargo, tierna- estructura rockera, el intérprete de “Penélope” y “Madre tierra” ganó premios y robó corazones.

Llegaron luego tiempos difíciles en lo económico, de los que salió tras la llamada de su amigo Ricky Martín para ayudarle en la producción de nuevos temas. Esa colaboración se extendió a la composición, arreglos de voces, coros y guía, hasta convertirse en el alter ego de la superestrella latina. Comenzó a cambiar de nombre para ese tipo de labores, con la escueta explicación de que Robi Draco quizá no se sentía proclive a ese tipo de creación, cosa que sí podían hacer Ian Blake o Dolores del Infante, dos de sus seudónimos.

Tras  “Songbirds & roosters” y “Libertad del alma”, Robi empezó a trabajar en nuevas canciones. El proceso le ha llevado a los 15 temas que conforman “Mad Love”. Un disco macerado por las melodías de Miles Davis y los paseos en autos de época por las carreteras angelinas y boricuas. Con el mismo gusto por las metáforas, pero con la electricidad adocenada por un pulso diferente, más de etiqueta. Algunos no se lo perdonarán, pero entre líneas se sigue adivinando la ferocidad a la que da rienda suelta en varios temas. Y la música, desde luego, ha crecido por el simple hecho de arriesgar, de no repetir el cuadro “underground” por el simple hecho de mantenerse fiel a sus fieles.

CHARLA EN SAN JUAN

Finalmente, “Mad love” está en la calle. El impacto es más amplio que nunca.

– ¿Obedece a un disco más abierto que nunca a diferentes públicos?

– “Siempre vale la pena hacer música y compartirla con el público. La respuesta de la gente es muy interesante, confiaba en que así fuera. El público busca lo que yo busco, esperanza y amor, un nuevo amanecer. Con ‘Mad love’ no hay un compromiso con un género, sino con la música, le hablo a espíritus, personas que tienen el deseo de vivir con pasión, de buscar una luz en cualquier sitio del mundo. En Estados Unidos, España y Puerto Rico nos ha ido bien, pero iremos a todo el mundo”.

– ¿No hay temor a que los fans de la época de “Vagabundo” se sientan traicionados por este nuevo rumbo creativo, y sobre todo estilístico?

– “Actualmente puedo decirte que prefiero a Goya sobre Miró, si me dan a elegir. Sigo apreciando el teatro del absurdo, me gusta la vida llena de ficción y fantasía, pero ahora tengo dos hijos y me veo hablando con ellos de luchar, mantener un enfoque, aportar a la construcción de la sociedad. Si les puedo hablar a mis hijos así, puedo compartirlo con el mundo. Al tener esta oportunidad de llegar a mucha gente creo que es importante levantar los espíritus.

– ¿Tal y como decía Steinbeck, hablarle a una sola persona para llegar a muchas?

– “Siempre pasa, claro que sí. Cantas a una sola persona, o a lo que algunos llaman la nada, al misterio de la vida y surge la magia del contacto, con mucha gente”.

Al fin en República Dominicana, con los fans esperando desde hace ocho años la llegada de Robi. ¿Qué sientes con este reto?

Una alegría muy grande, por todos los amigos que tengo allá y el respeto que me merece el público dominicano. Esta vez pudo ser y les aseguro que entregaré mi 200% de esfuerzo para que el público quede contento con el concierto.

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