Lo nuestro no importa

POR  MANUEL DEL ORBE RISK
No tomamos como base a nuestros antepasados. Nadie toma en cuenta la sensibilidad virgen de Anacaona, ni se investiga qué pudo pensar esa mujer que llevó al marido de Higuemota, Enriquillo, a levantar el ánimo triunfador de lucha de la raza taína. Y parecería que no se puede tomar a Pedro Heríquez Ureña, o a Salomé Ureña de Henríquez para fundar conocimientos originales quisqueyanos para la educación. Tampoco utilizamos la experiencia o el legado de Guillermo González, Teófilo Carbonell, Manuel Baquero, Ramón Báez López Penna o Rafel Calventi y Guy Vega en nuestros edificios. Ni se piensa que los padres del diseño moderno de interiores fueron Felipe Goico y Manolo Frómeta.

Cimentamos la enseñanza de la música quisqueyana sin la esencia de los areítos y los compositores Guandulito, Luis Alberti del merengue, Juan Luis Guerra en la raíz de la bachata popular, y de Juan Lockward en la bohemia romántica.

Hagamos como los griegos, que entregaban la dirección a los viejos expertos y la acción a los jóvenes preparados. No sigamos creyendo que el ideal es darle con rapidez a una pelota, o saltar más alto, aunque eso sea lo que más paga, sino que démosle la importancia que debe tener el razonamiento organizado y los logros del pensamiento, y dejemos de pagar y admirar lo improvisado porque nos sirve para satisfacer el tacto y el instinto.

Se premia al osado, al que dice, “nada tengo y menos soy, por tanto, no pierdo nunca y hago cualquier cosa”. Al que improvisa haciéndose pasar por conocedor de lo que sea, sin haber recibido la más mínima formación. Esto es lo que estamos sufriendo con nuestra televisión, radio, prensa, literatura, música, nuestras instituciones públicas y privadas, nuestros dirigentes políticos, que después de leer algunos folletos o haber asistido a cursillos o conferencias, colgamos unos títulos de profesionales con los que engañamos a los ignorantes usando citas de grandes hombres que nunca las han dicho.

Hasta nuestros hombres de talento, que son utilizados como mano de obra, poco menos que obreros, caen en las redes de otro tipo de osados, los que de la noche a la mañana cuentan con un capital que les permite, sin conocimiento o mérito alguno, incursionar en áreas que les son totalmente ajenas por falta de talento y preparación académica usando esa mano de obra calificada. Atrevidos que al azar se lanzan al mar de la intrepidez y llegan a descubrir algo que creen que es la India, y no saben que es América. Y en el trayecto destruyen lo que otros, si se creyera y ponderara el talento pulido, pudieran ofrecer a la formación de una sociedad. Pero, esa capacidad se queda sin utilizar y reconocer, y se desperdicia. Por eso producimos tantos frustrados con los conocimientos, y tantos incapacitados dirigiéndonos a causa de nuestra ignorancia.

Y aún preguntamos sorprendidos, ¿por qué ocurre que nos disolvemos, y cambiamos el día de San Andrés por Halloween, o el de los tres Reyes Magos o el niño Jesús, por Santa Claus?- Porque los dos son extranjeros -. Introdujimos en esta isla lo que trajeron los blancos o los negros, y por eso pagamos en oro y en vida este aporte sin valor.

Se requiere la experiencia y los estudios para iniciar una dirección de los principios en apoyo de una imagen nacional autóctona. Pobre nuestra tierra que la han hecho educarse por el camino del comercio para lograr una nación, y la dirigen por hambre, no tomando en cuenta su naturaleza ni sus orígenes. Ni tampoco sus raíces verdaderas, las que tenían esos aborígenes taínos, que fueron ahogados por la ambición de oro de sus colonizadores.

Esta actitud desde el principio, que se utiliza en el trayecto de toda la historia, olvida que la riqueza nuestra está en la superficie de la tierra, en el mar y en el subsuelo: en la agricultura, la crianza de animales y la creación intelectual. ¿Por qué no implementamos con los nuevos conocimientos la forma de hacernos de técnicas que modifiquen la producción de la tierra y de la mano de Obra? La creación sólida del arte y la cultura original.

La identidad de verdadera nación será cuando toda la isla sea QUISQUEYA, uniéndonos el lado este y el oeste. No por la imposición que desean los comerciantes países extranjeros, sino por la racionalidad y la fusión de ideas con los principios nativos originales del BOHIO. Y quizás seamos dos Estados y una sola nación que se designe como lo hicieron los verdaderos dueños de la tierra de esta isla: Estados Unidos de Quisqueya, aunque con capitales en Haití al lado oeste, que hoy se llama Puerto Príncipe, y Babeque lo que de manera arbitraria ha pasado a ser Santo Domingo de Guzmán, o ciudad Trujillo como lo fue en un pasado reciente. Y hoy no podemos decirnos santodomingueros o santodominiqueños. Nos diríamos BABEQUIANOS los de la capital QUISQUEYANA.